1 de diciembre de 2015

ADVIENTO CON SAN FRANCISCO: CORAZÓN LIMPIO, MENTE PURA

San Francisco en oración. Michael O’Brien
Empezamos el ADVIENTO, tiempo para preparar nuestro corazón (habitación interior lo llamaba también san Francisco) a la venida del Señor, despertando en nosotros el deseo de un encuentro con Aquel que sólo espera ser reconocido, deseado y acogido. Es un tiempo único, que no podemos dejar pasar sin más, para caer en la cuenta de que Alguien nos ama desde siempre y nos acoge tal como somos, sin condiciones ni chantajes; de que Alguien nos busca, aunque no le busquemos, y quiere entrar donde ya habita. No tengamos miedo del silencio ni de la soledad, busquemos cada día un rato para entrar dentro de nosotros mismos, donde Él nos espera: “Mira que estoy a la puerta y llamo”. Sí, el camino del Adviento es un “viaje interior”. Se trata de descubrirnos en Él, de reconocer que nos espera en nosotros mismos. Se trata de abrir el interior a su presencia escondida para que habite en todo nuestro ser y hacer. De esta manera podremos ver con su mirada, sentir con su mismo corazón, actuar con su mismo Espíritu. Hemos de llegar hasta ese lugar íntimo donde, abiertas las puertas, se descubre que él ya vino a nosotros y nos espera en nosotros mismos (Francisco García).

Esta es la invitación que nos hace san Francisco al comienzo del Adviento: «Ruego a todos los hermanos que, removido todo impedimento y pospuesta toda preocupación y solicitud, del mejor modo que puedan, hagan servir, amar, honrar y adorar al Señor Dios con corazón limpio y mente pura, que es lo que él busca sobre todas las cosas; y hagámosle siempre allí habitación y morada a aquél que es Señor Dios omnipotente, Padre e Hijo y Espíritu Santo, que dice: Vigilad y orad en todo momento» (Regla no bulada, 22).