24 de diciembre de 2011

La mejor noticia de toda la historia


Hace unos meses la cadena BBC y el gobierno Australiano propusieron sustituir las usuales siglas que evocan el antes de Cristo y el después de Cristo con un genérico “era común”. En esta Noche santa los cristianos celebramos el nacimiento de Cristo y no podemos ni queremos callar que en la “Nochebuena” Dios mismo que ha querido hacerse Niño por nosotros, por todos, marcando un antes y un después en el curso del tiempo y de la historia. Eso sí: la señal de Dios es la sencillez y la humildad, como reconoció san Francisco. Éste es su modo de reinar y de entrar en la historia. Él no viene con poderío y grandiosidad. No quiere abrumarnos con la fuerza. Pide sólo nuestro amor: por eso se hace Niño. No quiere de nosotros más que nuestro amor, para que aprendamos a vivir con Él y para los demás. ¿Por qué tener miedo de un acontecimiento así? ¿Por qué borrarlo de la historia? ¿No tiene ya nada que decirnos?

Podemos imaginar, en cambio, con cuánto amor esperaron María y José aquella hora, sin poder olvidarla jamás. Y es que, ¡cambió sus vidas totalmente! El nacimiento del Señor nos enseña que hay una forma de vivir, de amar, de relacionarnos que es nueva, la que Él nos trae con su venida. ¡El mundo necesita escuchar esta NOTICIA, que es siempre nueva! No queremos seguir amando con reservas, con rutina, con ahorro de gestos y palabras. Sabemos que donde Él está, allí hay siempre futuro. Donde dejamos que su amor actúe totalmente sobre nuestra vida y en nuestra vida, allí se abre el cielo.


Gracias por “nacer”, Señor. Gracias por hacerte uno de nosotros sin dejar de ser Dios. Gracias porque nos traes la alegría más verdadera, la luz y el amor que vencen todas nuestras oscuridades y que nos sacan de todas nuestras crisis. ¡Gloria a ti, Señor!