La promesa se ha cumplido


   Santa María: tú has sido capaz de dar, en plenitud, el sí a la propuesta y a los planes de Dios. Únicamente tú te has entregado, en absoluta disponibilidad, a su voluntad amorosa y providente. Cercanos ya a la Navidad, miramos tu ejemplo, que nos ilumina y nos llena de confianza: "Bendita tú, María, que has creído, porque lo que te dicho el Señor se cumplirá". Y la promesa se ha cumplido y tú, Virgen valiente y fiel, te has convertido en la Madre del Salvador esperado y deseado desde siempre. Tú nos llevas a Él y nos lo entregas como el don, como el tesoro más precioso y valioso que existe. Si nos decidiéramos a acogerle de verdad, ¡qué diferente sería nuestra vida! ¡Qué horizontes nuevos se abrirían ante nosotros!  
   María, Madre de Dios y Madre nuestra, enséñanos a abrirnos sin miedo al Señor, a estar pendientes de su voz y a pronunciar nuestro SÍ con alegría. Tu sí del primer momento se prolongó en fidelidad a lo largo y ancho de tus días. La voluntad de Dios fue tu alimento, su Palabra el impulso para todos tus actos. También nosotros sentimos muchas veces, sin duda, la exigencia de Dios, su invitación o llamada, a participar en la realización de sus planes, grandes o humildes, importantes o de rutina diaria. Danos fortaleza para aceptar lo costoso, lo amargo y lo difícil de nuestra vida; danos constancia para cumplir, hasta el fin, lo que nos exige la vocación que Dios nos ha dado. 
   Virgen María, llena de gracia, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos siempre hacia tu Hijo, Señor y Salvador nuestro.

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