Camino de Damasco... camino de Espoleto


    «Una noche, mientras Francisco dormía, alguien le habló en visión por vez segunda, interesándose con detalle por saber a dónde intentaba encaminarse. Francisco le contó su decisión, que se marchaba a la Pulla, a luchar en favor del Papa. La voz entonces insistió en preguntarle: "¿Quién puede favorecerte más, el siervo o el señor?" "El señor", respondió Francisco. Y de nuevo: "¿Por qué buscas entonces al siervo en lugar del señor?" Replicó Francisco: "¿Qué quieres que haga, Señor?" Y el Señor a él: "Vuelve a tu tierra, allí te mostraré el camino y haré que se cumpla esta visión". El joven Francisco se volvió sin tardanza, hecho ya ejemplo de obediencia, y, renunciando a la propia voluntad, de Saulo se convierte en Pablo. Es derribado éste en tierra, y los duros azotes engendran palabras acariciadoras; Francisco, sin embargo, cambia las armas del mundo por las del espíritu, y recibe, en vez de la gloria de ser caballero, una investidura divina. A los muchos que se sorprendían de la alegría desacostumbrada de Francisco, respondía él diciendo que llegaría a ser un gran príncipe» (2Celano 6).

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