Cuestión de confianza...

   
   Con frecuencia, a aquellos que buscan intensamente “algo más” en su vida, puede ocurrirles que al final se sientan paralizados por el miedo o por las consecuencias de una elección “demasiado fuerte”. Especialmente cuando van llegando a la conclusión de que quizás Dios les puede estar llamando a la vida religiosa o al sacerdocio. Es una verdadera lucha la que se puede llegar a entablar en el corazón y sus signos suelen ser: confusión, agobio, temor… En ocasiones, el deseo de “algo más”, de entregar totalmente la vida a Cristo, aparece con una fuerza arrolladora y estarían dispuestos a todo. Luego aminora y vuelven a lo de siempre, como siempre: ¡aunque saben que les falta algo! En el fondo, - piensan -, es imposible que sea capaz de vivir algo así, por lo tanto es mejor pasar del tema, aunque sea verdad... Además, ¡sería tan complicado decírselo a mi familia, a mis amigos, a mis compañeros de trabajo... a mi novia! Este razonamiento les parece muy comprensible y lo dejan pasar. Están cargados de razones parecidas, pero el deseo sigue ahí y cuando menos lo esperan reaparece con fuerza. 
  Tomar tal decisión no es tarea fácil. Ante una opción tan radical, que compromete la vida entera, lo normal es que afloren todos nuestros miedos, incertidumbres y limitaciones: "¡Señor mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho" (Jeremías 1,7). Y sin embargo, a pesar de todas nuestras limitaciones, o mejor, con todas ellas, lo más sorprendente es que podemos responder al Señor, como Isaías: "Aquí estoy, envíame" (Is 6,8). ¡Es cuestión de confianza! Llegar a tomar una decisión con la cual comprometerás toda tu vida, ¡lo mejor de tu vida!, es una gracia. Hay que pedir al Espíritu Santo esa capacidad de respuesta. Y sentir también el apoyo y la cercanía de alguien, un sacerdote o un religioso/a, que estará a tu lado para darte valor y animarte a tomar la decisión. No hacerlo equivaldría a dejar correr tu vida, en cierta manera a “malgastarla”. 
   Otra tentación que aparece con frecuencia es la que nos hace creer que para iniciar el camino de la vocación es necesario tener todas las evidencias posibles de que Dios nos llama: ¿dónde queda entonces la confianza? Todo nos lo jugamos ahí: te fías de Dios o no te fías. Otras veces, puede que nos asalten las dudas acerca de nuestra perseverancia, de nuestra fidelidad, de si podremos con las exigencias, etc. Tampoco en este caso hemos de temer: cuando Dios llama nos da siempre la gracia, la fuerza suficiente (Pablo, te basta mi gracia), para poder vivir incondicionalmente esa vocación y llegar hasta el final del camino, con nuestra colaboración, claro: “Dios que empezó en ti esta obra buena, Él mismo la llevará a término”
   Ánimo, ¡qué el miedo no te paralice! Abre tu corazón a la confianza en Aquel que te llama porque te conoce y sabe de lo mucho que eres capaz. ¡Vale la pena seguir a Jesucristo desde una vida entregada totalmente a Él y a los hermanos!
   
   Escucha esta canción de Nico Montero: ¡seguro que te ayudará!


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