Presencia materna

«Llena de gracia eres tú, María, colmada del amor eterno de Dios desde el primer instante de tu existencia, providencialmente predestinada a ser la Madre del Redentor e íntimamente asociada a él en el misterio de la salvación. En ti, María, resplandece la vocación de los discípulos de Cristo, llamados a ser, con su gracia, santos e inmaculados en el amor. En ti brilla la dignidad de todo ser humano, que siempre es precioso a los ojos del Creador. Te confiamos todas las comunidades de nuestra Orden, los lugares de misión, especialmente a nuestros hermanos más jóvenes y a las futuras vocaciones. Virgen Inmaculada, tú eres la Mujer victoriosa, que con tu Hijo aplastas la cabeza a la serpiente. Quédate junto a nosotros y ayúdanos con tu presencia materna, hasta que todos lleguemos un día a contemplar tu rostro radiante y, contigo, con san Francisco, santa Clara y con todos los santos, adorar por siempre al Padre, que te eligió desde la eternidad para ser la Madre de su Hijo amado por obra del Espíritu Santo. Amén».  

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