12 de mayo de 2015

MI VIDA EN TUS MANOS


Es una imagen que siempre impresiona. Se repite en cada ordenación o profesión perpetua. Postrado en el suelo, con los brazos en cruz, signo de humildad, ¡de total abandono como un niño en brazos de su madre!, este joven está poniendo su vida entera en manos del Señor. Y pidiendo la ayuda de los santos para poder vivir fielmente la vocación a la que ha sido llamado. "Mi vida en tus manos. Sin condiciones. Sin reservas. Para siempre. ¡Porque me fío de ti!" La inocencia del gesto del niño parece confirmar lo extraño del momento y, a la vez, la única actitud válida con la que es posible hacer algo así, tan fuera de lo común: "Si no volvéis a ser como niños...".   
  
¿Te has parado a pensar alguna vez en lo que el Señor haría contigo y a través de ti si te atrevieras a poner en Él toda tu confianza, tu vida entera en sus manos como un niño? Y es que Él, por su parte, te tiene una confianza enorme (¡aún conociendo tu debilidad!). A pesar de ello, te llama a estar con Él y quiere enviarte a anunciar lo que, en el fondo, todo hombre espera escuchar y experimentar en lo más hondo del corazón: Que es amado y querido de verdad, sin cálculos interesados ni condiciones

SÍ, TE ESPERA A TÍ, con todo lo que eres y con todo lo que estás llamado a ser aún. Así que, te queda sólo responder y confiar tu vida al Señor. ¡SE VALIENTE, VALE LA PENA! Y no olvides que la respuesta a su invitación a seguirle, con todo tu corazón, es por Amor a Él y para vivir amando como Él. Sin olvidar que siempre es más lo que recibimos que aquello que podemos dar. Si el Señor te ha tocado el corazón, adelante, apuesta fuerte y no dudes en pronunciar tu sí.

Como un niño en brazos de su madre...
Salmo 130