11 de enero de 2012

Un corazón profundamente agradecido


    Francisco hizo de su vida una alabanza a Aquel que tantos bienes nos ha traído y nos ha de traer en el futuro, a Aquel que es nuestra fuerza y fortaleza, el sólo bueno, el sólo omnipotente, admirable, glorioso y el sólo santo y bendito. Sus gestos, sus palabras... brotaban de un corazón agradecido y profundamente enamorado. Nos cuentan sus biógrafos, que sin pensarlo dos veces, cogía dos palos, improvisaba un instrumento y comenzaba a tocar y a danzar en alabanza de su Señor. Seguramente en más de una ocasión hizo el ridículo y despertó la risa, ¡incluso el escándalo! Pero algunos comenzaron a darle vueltas, como el joven y rico caballero Bernardo de Quintavalle.
   Vivir en la presencia del Señor, gozar de su amistad, sorprenderse y agradecer tantos regalos: la vida que nos es dada; la vida que es aliento de Espíritu; la vida que es triunfo de amor; la vida que es relación, encuentro y donación; la vida que es paz y ternura, campo de esfuerzos y esperanzas; la vida que es poda dolorosa y fruto abundante, dolor y lucha a la vez; la vida que es búsqueda y camino; la vida que en Dios es eterna, ¡para siempre! No es fácil alegrarse con la propia pequeñez y con el don siempre mayor, que es Dios mismo. No es fácil ponerse cada día confiadamente en sus manos, sabiendo que Él no nos abandona jamás, sino que cuida de nosotros. No es fácil, pero este es el camino de la verdadera felicidad. ¡Es el secreto de Francisco y de todos los que se han atrevido a recorrerlo! Todo consiste en dar el primer paso...  

Omnipotente, altísimo y sumo Dios, 
que eres el solo bueno, 
haz que podamos devolverte con nuestra vida 
toda alabanza, toda gloria, toda gracia, todo honor, 
toda bendición y todos los bienes. 

Os invito a escuchar este precioso canto en italiano "Haré de mi corazón una alabanza", interpretado por el coro juvenil de la Basílica de san Francisco (Asís). Así empieza:

Levántate y alégrate, ¡despierta tu corazón!,
alaba y bendice a tu Dios.
¡Quiero cantar el amor de mi Señor!