10 de febrero de 2012

Franciscanos en el mundo (II)

Accra (Ghana), Old Fadama o "Ciudad de las barracas"
  Hoy es el día del ayuno voluntario de Manos Unidas, instituido en 1963 para "movilizar" a los españoles en favor de millones de personas para quienes comer no es una cuestión de horario ni de apetencia, sino un ejercicio diario de supervivencia. Este día de ayuno está íntimamente unido a la campaña que la ONG Católica llevará a cabo el domingo en todas las parroquias de España, para recaudar fondos con los que financiará un gran número de proyectos solidarios en todo el mundo.

  Este viernes puede ser también una ocasión preciosa para recordar y orar por todos aquellos hombres y mujeres, sacerdotes, religiosos y laicos, que se desviven cada día, cerca de nosotros y también en cualquier rincón del mundo, entregando muchas horas de trabajo, de ayuda y desvelos, para que otros muchos tengan una vida mejor. ¡Ellos son una luz que ilumina las noches de la humanidad! Donde hay dolor y hambre, allí están. Donde hay un pequeño signo de esperanza, allí están alentándola. Donde hay guerra y odio, allí están como signos de reconciliación y perdón. Son hombres y mujeres que han aprendido a amar, saben amar, cuentan su amor y la esperanza que les sostiene cada día con gestos y acciones concretas. Entregar la vida a Dios y, por Él, a los demás, solo puede hacerse por amor. Por AMOR hay quien lo deja todo para recorrer las calles de cualquier ciudad del mundo rescatando a aquellos que viven en la miseria. Por AMOR hay quien abandona su casa confortable en Europa para vivir, con lo más indispensable, en un pueblo olvidado del Tercer Mundo. Por AMOR hay hombres que cruzan continentes y mares, y por ese mismo amor hay otros hombres que se encierran en la celda de un monasterio. Por ese AMOR se entregan los mejores años, la salud, la seguridad de un futuro prometedor, el trabajo, el descanso, los gustos, todo. Ese AMOR es más fuerte que los lazos de la sangre, que las raíces de la tierra o que las llamadas del corazón. Ese AMOR es más fuerte que la vida y que la muerte. Encontrarlo: ¡no tiene precio, no se le puede comparar con nada ni con nadie! Por eso decía el padre Arrupe, jesuita: «No hay nada más práctico que encontrar a Dios. Es decir, enamorarse rotundamente y sin ver atrás. Aquello de lo que te enamores, lo que arrebate tu imaginación, afectará todo. Determinará lo que te haga levantar por la mañana, lo que harás con tus atardeceres, cómo pases tus fines de semana, lo que leas, a quien conozcas, lo que te rompa el corazón y lo que te llene de asombro con alegría y agradecimiento. Enamórate, permanece enamorado, y esto lo decidirá todo».

  Hoy os ofrecemos el testimonio concreto de un franciscano conventual italiano, padre Arcadio, que desde hace varios años vive en la "Ciudad de las barracas" de Accra, capital de Ghana (África), conocida popularmente como Sodoma y Gomorra...
 
   “Vivir en la ciudad de las barracas no tiene nada de extraordinario, es vivir el día a día de Dios. Es estar donde Él está, donde él se hace presente a través de su misterio de cruz y resurrección. Vivir en este lugar es para mí un don que me permite entrar en la vida de Dios. Estoy convencido que la historia, la teología, la economía, la política, la vida misma, no pueden ser leídas sino con los ojos de los últimos, de los que sufren. Sólo el "Cordero que ha sido inmolado puede abrir el libro y sus siete sellos". El Evangelio es historia y está hecho de aquellos que sufren, de enfermos, de pobres, de pequeños... Si los grandes pueden entrar es sólo a través de los ojos de los pequeños. Sus grandes obras y conquistas no entran, no tienen cabida... no son historia de Dios. Es realmente excepcional el haber aprendido a mirar los grandes acontecimientos de la historia desde lo más bajo, desde la perspectiva de los excluidos, de los señalados, de los maltratados, de los impotentes, de los oprimidos y despreciados. Es decir: desde el lugar de los que sufren. Una sola palabra resume bien todo aquello que he vivido y vivo en Old Fadama: Dios. En este lugar no se puede vivir sin Él. Y Él está aquí realmente vivo, en su misterio de presencia y ausencia, en su palabra y en su silencio, en la cruz y en la resurrección de su Hijo, de cada hijo. Él está aquí, donde sus hijos más pobres no tienen otra seguridad y riqueza que Él mismo. Ellos le esperan, le llaman, aunque sólo sea para decirle: ¿por qué?, ¿dónde estás? ¡Y Él está haciendo grandes cosas!”