Mártires franciscanos de Japón: San Pedro Bautista y compañeros


El 6 de febrero la Iglesia recuerda el martirio en tierras niponas de seis frailes franciscanos, también de varios franciscanos seglares y de tres jesuitas japoneses (entre ellos Pablo Miki). Encabeza el grupo fray Pedro Bautista, franciscano español, nacido en el castillo de San Esteban, Ávila, en 1545. Después de realizar sus estudios en su ciudad natal y en la universidad de Salamanca, contra los planes familiares (era de familia noble), ingresó en la Orden Franciscana. 

En 1580 pidió y obtuvo ser enviado a México, donde permaneció tres años dando un gran impulso a la Orden con la fundación de varias casas. En 1583 zarpó para Filipinas, donde ejerció un encomiable ministerio de apostolado. Puso especial interés en la protección de los indígenas contra las ambiciones de los poderosos. En 1593 fue enviado con otros cinco hermanos al Japón. Durante un año estuvo prácticamente confinado en una casucha viviendo entre sufrimientos e incomprensiones. Finalmente obtuvo el permiso de predicar el Evangelio por todo el país. Durante dos años pudo libremente con sus hermanos y un grupo de laicos desarrollar una intensa actividad apostólica; fundó un convento en Kyoto y luego dos hospitales para pobres y leprosos; estableció otras casas franciscanas en Osaka y Nagasaki y obtuvo numerosas conversiones. 

La envidia de los bonzos y las contradicciones comerciales entre portugueses y españoles suscitaron muchos temores en Taicosama, emperador del Japón, que lo llevaron a ordenar la ejecución de los misioneros y de sus colaboradores japoneses. La orden de captura de fray Pedro Bautista y de todos los demás cristianos se cumplió el 8 de diciembre de 1596. Antes de ser trasladados a Nagasaki, donde sufrirían el martirio, fueron llevados con los demás condenados por las calles de varias ciudades en un carro, sometidos a las burlas e insultos del pueblo. Antes de ser crucificado, fray Pedro dirigió unas palabras de consuelo y fortaleza a los cristianos presentes y elevó una oración de perdón por quienes los crucificaban. Estos testigos de la fe son los protomártires del Japón. Fueron canonizados por Pío IX el 8 de junio de 1862.

En la representación pictórica del martirio, fray Pedro Bautista y de sus compañeros aparecen todos ellos clavados en una cruz, recibiendo el consuelo de los ángeles, y vestidos con el hábito original de la Orden Franciscana, de color gris ceniza. En lo alto de la parte izquierda del cuadro aparece san José sosteniendo en sus brazos al Niño Jesús. Lo más curioso es que el Niño Jesús está vestido con un pequeño hábito franciscano y bendice el testimonio valiente y generoso de estos seguidores suyos hasta la muerte.


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