8 de febrero de 2012

¡No le des más vueltas!


  C. S. Lewis, en sus “Cartas del diablo a su sobrino”, describe admirablemente la tentación que puede llevar a los cristianos a regatear con Dios. «Háblale —aconseja el diablo veterano a su inexperto sobrino— sobre la “moderación en todas las cosas”. Una vez que consigas hacerle pensar que “la religión está muy bien, pero hasta cierto punto”, podrás sentirte satisfecho acerca de su alma. Una religión moderada es tan buena para nosotros como la falta absoluta de religión, y más divertida.» 
   La vocación no es el camino de los que sopesan y regatean sin cesar en su relación con Dios, sobre todo si comienzan a descubrir que quizás les puede estar llamando a algo más... Ni es camino de quienes se imaginan hacer un favor a Dios y al mundo. Ni de los conformistas o los desilusionados. Ni de los que no se atreven a interrogarse sobre qué es lo que realmente puede hacerles felices. Es camino de valentía, de aventura, de apostar por un ideal de vida o, mejor, por una Persona, Jesucristo, vivo y realmente presente, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva. Encontrarse con Él, sentir que te llama por tu nombre para que camines con Él y seas su enviado, es extraordinario, ¡nadie lo duda!, pero cuesta decidirse, y por eso es natural replanteárselo una y otra vez. 
   Es bueno pensarlo bien, compartir la inquietud con un sacerdote o religioso/a, pero la solución no puede estar en darle vueltas y más vueltas, en pensarlo y volverlo a repensar indefinidamente, porque en algún momento hay que decidirse. No podemos hacer como Kafka, cuando se planteaba casarse o no, que ponía en columnas separadas las ventajas y los inconvenientes, sin decidirse nunca. Eso no es pensar bien las cosas, sino complicarlas. Porque siempre cabe considerarlo una vez más, la última vez, pero una última vez que luego siempre es la penúltima; y considerar, por una parte, las ventajas de la entrega; y por otra, las dificultades (soy demasiado joven; mejor termino la carrera; quiero conocer más cosas de la vida y hacer otras experiencias; ya tendré tiempo de planteármelo más adelante, etc...). El resultado sería, como sucedió al novelista checo, la angustia de la indecisión. Hay que arriesgarse, confiar y dar el paso… En el fondo: ¡no hay nada que perder! No le des más vueltas. Es hora de tomar la decisión. Si necesitas compartir tus inquietudes y tus dudas, ya sabes que puedes contar con nosotros. Estaremos encantados de ayudarte: hemos pasado por lo mismo que tú.

Fray Antonio Royo: antonioroyo@pazybien.org
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