Pistas vocacionales


Habéis sido muchos los que desde que iniciamos este blog vocacional, hace ahora cuatro meses, os habéis animado a escribir para compartir con nosotros vuestro camino, vuestra búsqueda sincera, vuestras dudas y temores, pero sobre todo vuestra alegría profunda por estar escuchando la llamada del Señor. Os animamos a que sigáis contando con nosotros, si así lo deseáis. Hoy os ofrecemos algunas "pistas vocacionales", ya que la mayoría de peticiones y dudas que nos hacéis llegar están orientadas en este sentido. La entrada de hoy será un poco larga, pero creemos que merece la pena extendernos. Lo que podéis leer es la respuesta que ofrecimos a un joven llamado Juan (nombre ficticio), de Murcia, 22 años y estudiante universitario.

[…] Hola Juan: por lo que me dices en tu e-mail, te encuentras en un momento de búsqueda de “algo más”... ¡Momento precioso y lleno de oportunidades!, pero, como ya habrás podido experimentar, también marcado por las dudas, las incertidumbres, los miedos… En tu e-mail me dices que andas agobiado, porque sientes que “algo” te está llamando y aún así no logras ver cuál es tu camino y que no te sientes lleno. Me pides que te responda otorgando un poco de luz a tu mente joven y confusa. Por supuesto que te ayudaremos en lo que podamos, pero tienes que entender que hablar de estos temas por carta o por e-mail no es precisamente fácil. Para hablar de algo tan importante como esto es necesario hacerlo “cara a cara”. Aún así te ofrezco algunas pistas que pueden ayudarte.

1/. ¡No tengas miedo! Estas palabras están siempre al principio de cualquier vocación, si realmente viene de Dios. Moisés, Isaías, la Virgen María… Para el que escucha la llamada del Señor a pronunciar el sí de toda una vida, puede surgir la indecisión y el miedo. Dios cuenta con ello, por eso va preparando todo, en la vida de cada uno, para que seamos capaces de acoger lo que Él nos pide. La llamada de Dios produce en nosotros temor o admiración porque percibimos la “grandeza” de lo que nos está sucediendo y, a la vez, hacia donde nos llevaría pronunciar un sí. Pero Dios, en esa misma llamada, nos ilumina interiormente y nos fortalece para que superemos el miedo natural y nos abramos a la confianza. Una confianza que Él ha depositado en lo íntimo de nuestra existencia y que pide ser escuchada, liberada. Por lo tanto, la clave no está en el miedo, sino en cómo reaccionamos ante ese miedo, nuestra capacidad de superarlo. Este “no tener miedo”, a pesar de las dificultades e incertidumbres, nace de una segunda palabra que Dios pronuncia siempre, junto a la primera, al inicio de toda llamada: “Yo estoy contigo”. Es, una vez más, una llamada a la confianza y al abandono. Juan, la voluntad de Dios para nuestra vida es siempre un proyecto de amor, de vida plena, de salvación. Un camino el que se puede ser auténticamente feliz. Ya se que hoy esto no se entiende fácilmente, pero no hay que tener miedo de ir contracorriente, de ser realmente alternativos. Desde que comenzaste a sentir la llamada, ¿resuenan dentro de ti, a pesar de todo, estas palabras: No tengas miedo… Yo estoy contigo? ¿Llenan tu corazón de confianza?

2/. Nunca sólo. La búsqueda de lo que Dios quiere de ti debe realizarse siempre dentro de un camino de acompañamiento. ¡Solos no podemos! Es necesario que otra persona, a ser posible un sacerdote o un religioso/a que haya recorrido ya una parte del camino, te acompañe, te sostenga y te oriente. Él respetará siempre tu libertad, dejando que sea Dios el protagonista de todo y que la decisión final la tomes tú. Una persona así te será de gran ayuda y te enseñará a “leer” desde la fe los signos que Dios va dejando en tu camino para que puedas reconocer su llamada. Es importante que encuentres a alguien con quien poder hablar de todo lo que estás viviendo. ¡Pídeselo al Señor!

3/. Con espíritu de oración y devoción. Todo discernimiento tiene que estar “sostenido” por la oración, el silencio y la escucha de la Palabra de Dios. Sólo así podemos preparar el corazón, abrirlo de par en par para acoger la llamada, el susurro, el paso de Dios por nuestra vida. En este momento, Juan, tu oración tiene que hacerse incesante en el corazón como la de Francisco ante el Cristo de san Damián: “Oh alto y glorioso Dios, ilumina las tinieblas de mi corazón… para que pueda seguir tu voluntad”. Si tu búsqueda es sincera, escucharás su voz: ¡no lo dudes! En tu día a día, Juan, tienes que reservar un tiempo importante para la oración, para el silencio, para la escucha de la Palabra de Dios.

4/. La vida de los hermanos menores es... Seguir a Cristo pobre y humilde, viviendo el santo Evangelio junto a otros hermanos, es la esencia de la vocación franciscana. San Francisco pudo abandonar todo porque encontró “la perla preciosa”, “el tesoro escondido” por el que vale la pena dejarlo todo: Jesucristo y su Evangelio. Fue por este motivo que el joven Francisco decidió un día no adorarse más a sí mismo y seguir decididamente las huellas de Cristo, entregándole los mejores años, la seguridad de un futuro prometedor, las propias cualidades, los afectos, el trabajo, el descanso, los gustos, ¡todo! Te puedo asegurar que es un camino precioso de abandono confiado en manos de “Aquel que nos ama y ha dado su vida por nosotros”. Como dijo el Papa al inicio de su pontificado: “Dios no quita nada y lo da todo”. ¡Y es verdad! Este camino, Juan, no quiero engañarte, es también una invitación del Señor a pasar por la puerta estrecha, es decir, a estar dispuesto a cargar con la cruz, cada día, para seguir a Aquel que nos precede, como dice santa Clara. Tu cruz no es la que desearías, sino la que se te entrega en lo que tú eres, y en tu historia, en los diversos acontecimientos que han cargado tus hombros con el peso de errores, pecado, debilidades. Tu cruz es tu cuerpo, tu naturaleza, tus limitaciones, tus instintos y pasiones, y hasta cabe que también sea tus destrezas, tu nombre, tu fama, tu autoridad social, la expectación que otros tienen sobre ti… La invitación que tenemos es a abrazarla, hacerte una sola cosa con ella, sin mirar hacia atrás, ni a los lados, sino puestos los ojos en el que va delante, en quien nos precede. Pero no temas: poco a poco vas a descubrir que quien lleva tu cruz es Él, y si aciertas a comprender este gesto solidario del Señor para contigo descubrirás que la cruz es el “privilegio” de compartir con Cristo el amor redentor. San Francisco llamó a este privilegio”: VERDADERA ALEGRÍA. ¿Por qué crees que el Señor te está llamando a ser franciscano? ¿Qué signos está dejando en tu camino? 

5/. Siempre con María, la Madre del Señor. Una última cosa. Este momento decisivo tienes que confiárselo a la Virgen María. Pídele que te ayude a pronunciar tu sí con fuerza, sin temor, con alegría. Ella será tu mejor guía, “la estrella” que te guiará a buen puerto.

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