12 de febrero de 2012

San Francisco y los leprosos (I)

Francisco cuida como una madre a los leprosos (imagen izquierda)
y lava sus heridas (imagen derecha). Tabla Bardi, siglo XIII.
Iglesia franciscana de la santa Cruz, Florencia
   
   Una vez más san Francisco de Asís y su camino espiritual han estado presentes en las palabras del Santo Padre Benedicto XVI, esta vez durante la oración del Ángelus, comentando el Evangelio de este domingo VI del tiempo ordinario:  
«[...] "Quiero, queda limpio". En ese gesto y en esas palabras de Cristo está toda la historia de la salvación, donde está incorporada la voluntad de Dios de sanarnos y purificarnos del mal que nos desfigura y que arruina nuestras relaciones. En aquel contacto entre la mano de Jesús y el leproso, fue derribada toda barrera entre Dios y la impureza humana, entre lo sagrado y su opuesto, no para negar el mal y su fuerza negativa, sino para demostrar que el amor de Dios es más fuerte que cualquier mal, incluso lo más contagioso y horrible. Jesús tomó sobre sí nuestras enfermedades, se convirtió en "leproso" para que nosotros fuésemos purificados. Un maravilloso comentario existencial a este Evangelio es la famosa experiencia de san Francisco de Asís, que lo resume al principio de su Testamento: “El Señor me concedió de esta manera a mí, hermano Francisco, el comenzar a hacer penitencia: cuando estaba en pecados, me parecía muy amargo ver a los leprosos. Y el Señor mismo me condujo entre ellos y practiqué con ellos la misericordia. Y al apartarme de los mismos, aquello que me parecía amargo, se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo; y después de esto, y salí del mundo” (Testamento 1-3). En los leprosos, que Francisco encontró cuando todavía estaba "en pecados” -como él dice-, Jesús estaba presente, y cuando Francisco se acercó a uno de ellos, y, venciendo la repugnancia que sentía lo abrazó, Jesús lo sanó de su lepra, es decir de su orgullo, y lo convirtió al amor de Dios. ¡Esta es la victoria de Cristo, que es nuestra sanación profunda y nuestra resurrección a una vida nueva!»