25 de febrero de 2012

La cuaresma para san Francisco: orar y contemplar

Estatua de san Francisco en la Isla del lago Trasimeno (Perusa)
  Hallándose en cierta ocasión san Francisco, el último día de carnaval, junto al lago de Perusa en casa de un devoto suyo, donde había pasado la noche, sintió la inspiración de Dios de ir a pasar la cuaresma en una isla de dicho lago. Rogó, pues, san Francisco a este devoto suyo, por amor de Cristo, que le llevase en su barca a una isla del lago totalmente deshabitada y que lo hiciese en la noche del miércoles de ceniza, sin que nadie se diese cuenta. Así lo hizo puntualmente el hombre por la gran devoción que profesaba a san Francisco, y le llevó a dicha isla. San Francisco no llevó consigo más que dos panecillos. Llegados a la isla, al dejarlo el amigo para volverse a casa, san Francisco le pidió encarecidamente que no descubriese a nadie su paradero y que no volviese a recogerlo hasta el día de jueves santo. Y con esto partió, quedando solo san Francisco. Como no había allí habitación alguna donde guarecerse, se adentró en una espesura muy tupida, donde las zarzas y los arbustos formaban una especie de cabaña y en este sitio se puso a orar y a contemplar las cosas celestiales. Allí estuvo toda la cuaresma sin comer otra cosa que la mitad de uno de aquellos panecillos, como pudo comprobar el día de jueves santo aquel mismo amigo al ir a recogerlo; de los dos panes halló uno entero y la mitad del otro. Se cree que san Francisco lo comió por respeto al ayuno de Cristo bendito, que ayunó cuarenta días y cuarenta noches, sin tomar alimento alguno material. Así, comiendo aquel medio pan, alejó de sí el veneno de la vanagloria, y ayunó, a ejemplo de Cristo, cuarenta días y cuarenta noches. Más tarde, en aquel lugar donde san Francisco había hecho tan admirable abstinencia, Dios realizó, por sus méritos, muchos milagros, por lo cual la gente comenzó a construir casas y a vivir allí. En poco tiempo se formó una aldea buena y grande. Allí hay un convento de los hermanos que se llama el convento de la Isla. Todavía hoy los hombres y las mujeres de esa aldea veneran con gran devoción aquel lugar en que san Francisco pasó dicha cuaresma. En alabanza de Cristo bendito. Amén. (Florecillas 7).
  Siguiendo el ejemplo de nuestro padre y hermano Francisco, desde mañana haremos una pausa de una semana para dedicarnos más intensamente a la escucha de la Palabra de Dios, a la oración y al silencio. Sin duda os recordaremos durante estos días, especialmente a aquellos que estáis escuchando con fuerza la llamada del Señor. ¡Hasta dentro de una semana!

Benedicat tibi Dominus et custodiat te,
ostendat faciem suam tibi et misereatur tui. 
Convertat vultum suum ad te 
et det tibi pacem. 
Dominus benedicat, …, te.

(Bendición de san Francisco al hermano León)