Amor y pobreza, una profunda intuición de san Francisco


   San Francisco, abrazando la pobreza del Hijo de Dios en su imagen viva y sufriente, los leprosos, comprendió que entre amor y pobreza existe una unión esencial. Se trata de una profunda intuición del Poverello, fecunda también hoy para nosotros. El filósofo Platón decía que el amor nace de la pobreza. Francisco hubiera podido repetir esta misma idea, pero en un sentido muy diferente y, sin duda, con mayor verdad y profundidad. Para el filósofo griego el amor nace de una carencia, es esencialmente deseo. Para san Francisco el amor nace de una expropiación de sí: ¡es esencialmente don! Una plenitud que se da, que se desborda, que se entrega libremente. Aquel que ama de verdad no retiene nada para sí. No se posee a sí mismo. Mucho menos desea poseer al otro. No querer poseer nada, ni siquiera cuando se ama. Este es el secreto del amor, en su verdad más honda. Todo esto san Francisco lo expresó de manera clarísima en esta frase: "Por consiguiente, nada de vosotros retengáis para vosotros, para que enteros os reciba el que todo entero se os entrega" (Carta a toda la Orden 29). Así la pobreza franciscana, vivida día a día en nuestras relaciones humanas, se inspira en la vida misma de Dios, en su Misterio trinitario: amor que se da, que se desborda. Y es participando en este misma vida que puede nacer la fraternidad (Inspirado en algunos escritos de fray Eloi Leclerc). 

  El camino de la fraternidad necesita recorrer estas etapas: para ser verdadera comunión es necesario que antes sea kénosis, vaciamiento de uno mismo; para ser relación fecunda, creativa y generadora de vida, se ha de dar muerte al egoísmo. El Papa Benedicto XVI en su mensaje para la Cuaresma de este año, citando unas palabras del Siervo de Dios Pablo VI, ha dicho claramente: «El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos». En estos días, en que nos intentan convencer por activa y por pasiva de la necesidad de "ahorrar", los cristianos sabemos que no podemos seguir viviendo y amando con reservas, con rutina, con ahorro de gestos de amor y de misericordia. ¡La salud de nuestro mundo está en juego! Sólo si somos pobres de verdad, es decir, si damos muerte a lo viejo y a lo caduco, a nuestra tendencia egoísta y acaparadora, y estrenamos amor verdadero, podrá nacer la fraternidad, cuyos frutos son "la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión" (Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma 2012). ¡Preciosa intuición del Poverello!

Entradas populares