17 de marzo de 2012

Para que sigamos sus huellas...

   
   Cristo Jesús fue humilde al asumir nuestra naturaleza, cuando “miró la humildad de su esclava”. Fue pobre desde su nacimiento en el que la Virgen pobrecilla, dando a luz al mismísimo Hijo de Dios, no tuvo donde acostarlo mas que en un pesebre. Fue misericordioso en la acogida de los pecadores: “no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”. Fue paciente bajo los azotes, las burlas, los esputos, las espinas; dijo, en efecto, por boca de Isaías: “ha hecho mi rostro duro como un pedernal”. La piedra cubierta no reacciona ni se lamenta contra quién la hiere. Así es Cristo: “ultrajado no respondía, y sufriendo no amenazaba venganza”, sino que fue “obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (De los sermones de san Antonio de Padua).