San Maximiliano Kolbe "regresa" a Lourdes

San Maximiliano a su regreso de Japón 
Esta mañana el obispo emérito de Lourdes-Tarbes ha consagrado el nuevo altar de la Basílica del Rosario del santuario mariano de Lourdes (Francia), colocando una reliquia de san Maximiliano Kolbe, franciscano conventual polaco. ¡Todo un gesto de afecto y de reconocimiento hacia aquel que "amó locamente" a la Madre de Dios! La reliquia (un pelo de la barba) ha sido donada a la Basílica, en nombre de la Orden, por el guardián del convento de los franciscanos conventuales de Lourdes, frère François Godefert. San Maximiliano Kolbe es conocido principalmente por su gesto heroico de auténtico amor cristiano en el campo de Auschwitz, donde dio su vida por un joven padre de familia condenado a morir en el búnker del hambre: "soy un sacerdote católico polaco -dijo al oficial nazi-, ya soy viejo y quiero ocupar su lugar, porque él tiene mujer e hijos". En un lugar como aquél, donde la dignidad humana era pisoteada y los hombres se arrastraban como sombras, vencidos por el odio, el resentimiento, la desesperación y la lucha por sobrevivir, un hombre, un humilde fraile franciscano, renunciaba a su vida para que otro pudiese seguir viviendo. Un gesto así no se improvisa. Cuando el padre Maximiliano Kolbe dio aquel paso, ya tenía sobre sus espaldas muchos años de generosa entrega y de fecunda creatividad al servicio de la reconciliación y de la paz entre los hombres, como instrumento providencial en las manos de la Virgen Inmaculada. Desde muy joven trabajó incansablemente y ofreció su vida para que, a través de la Inmaculada, Jesucristo y su evangelio siguieran difundiéndose, atrayendo nuevos discípulos, reinando en más y más corazones. Este deseo de extender el reino de Cristo, por medio de la Inmaculada, hasta los confines de la tierra, le llevó hasta el lejano Oriente, no sin antes pasar por el Santuario de Lourdes en 1930. Fue un visita breve, pero intensa. Podemos imaginar con cuanto amor se detendría a orar ante la gruta de las apariciones, dialogando con toda confianza, como un hijo con su madre, con la Virgen Inmaculada. Ahora, un pequeño signo de este gran apóstol y mártir de nuestros difíciles tiempos se encuentra en el corazón del santuario principal de Lourdes. Y nosotros, sus hermanos, ¡nos alegramos profundamente de ello y le pedimos que siga desde el cielo interceciendo por nosotros!

Vídeo con un breve resumen de la consagración del altar:

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