Camino de Emaús: ¡Quédate con nosotros!

«Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado.» 

Quien nos iba a decir a nosotros, que lo dábamos ya todo por perdido, que de vuelta, en la vera del camino, tú nos darías alcance, Peregrino. 

Nosotros que amasábamos la noche, vagabundos de sombras y extravíos, que teníamos maniatada la memoria al mirar al Pastor de muerte herido. 

Qué torpes estuvieron nuestros ojos, al perder la profundidad de su mirada; cómo pudimos olvidar el tono de su voz, si tantas veces escuchamos su palabra. 

Pero qué pronto la luz se hizo sentido como ascuas en nuestros corazones, mientras Él desgranaba en el camino semillas de esperanza y de razones. Menos mal que te rogamos insistiendo que no te fueras, entre tanta oscuridad, que te sentaras invitado a nuestra mesa y pasaras con nosotros a cenar. 

Fue entonces, en aquella intimidad, cuando contigo la luz se hizo de nuevo, y en tus manos, rompiendo nuestro pan, descubrimos la presencia de tu Cuerpo. Comprendimos, entonces, que partidos seríamos de todos alimento, samaritanos de luces en la noche, "otros Cristo" en medio de tu pueblo.

¡FELIZ Y SANTA PASCUA DE RESURRECCIÓN!

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