29 de abril de 2012

Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones


La vocación sólo puede nacer de esta certeza: no somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es fruto del querer de Dios. Cada uno de nosotros es amado personalmente, acompañado y sostenido: ¡no camina solo en la vida! En definitiva, cada uno de nosotros es importante, ¡precioso!, para Dios. Nada hay más hermoso que conocer a un Dios que te dice: "Es bueno que tú existas". Se trata de un "misterio" que nos precede y que vamos descubriendo durante toda nuestra vida. Tiene su raíz en la absoluta gratuidad del amor de Dios. Cada ser humano es «llamado» a la vida y al venir a ella, lleva y encuentra en sí la imagen de Aquél que le ha llamado. Sí, Alguien nos ama desde siempre y nos acoge tal como somos, sin condiciones ni chantajes. Alguien nos busca, aunque no le busquemos, y quiere entrar donde ya habita. Pide que se le reciba y siga como lo recibieron y siguieron los apóstoles, los mártires... tantos hombres y mujeres a lo largo de la historia. Para cada uno tiene un Proyecto de amor y salvación. Acogerlo es plenitud de vida para nosotros y una gran "fiesta" para Él. Basta con no tener miedo, con no huir. Quiere contar con nosotros, pero no quiere imponerse. ¡Así es nuestro Dios!

Este camino nuevo supone aprender a vivir buscando al Señor y dejándonos encontrar por Él, permitiéndole que tenga parte en nuestras vidas, ¡que ocupe su centro!, y nos enseñe a vivir de verdad. La vida y el testimonio de tantos hombres y mujeres que se han decido a seguir sus pasos nos aseguran que descubrir el Proyecto de Dios para nosotros, nuestra VOCACIÓN, es lo mejor que nos puede pasar, porque su amor no nos aliena, no nos oprime o esclaviza… sino todo lo contrario: nos libera y nos hace felices de verdad.

¡SABES QUE TE QUIERO!