Crisis en la Iglesia: ¡Es tiempo de respuestas valientes!

Estamos asistiendo a una verdadera explosión en cadena de “noticias bomba” que tienen como protagonistas a la Iglesia, al Papa y sus colaboradores, a los inmuebles de la Iglesia española... Algunas, ciertamente, se apoyan sobre hechos reales y contrastados. Otras muchas, sin embargo, son pura fantasía. No ha faltado (ni faltará) quien en medio de este revuelo se ha sacado de la manga historias morbosas y datos falsos que jamás han existido, divulgándolos por los medios con el único objetivo, ¡no puede haber otro!, que el de hacer daño, sembrando aun más confusión y prejuicios hacia la Iglesia.

Si a esto le unimos la tremenda situación económica, política y social que estamos viviendo, es fácil dejarse llevar por un sentimiento de tristeza y desesperanza. Es como si todo se estuviera viniendo abajo, como si no hubiera puntos de referencia sólidos, como si el futuro se estuviera tiñendo de gris oscuro... Y no es cuestión de ser o no catastrofista o alarmista. No. Hace algunos días el Papa, con mucha lucidez, dijo que “vemos cómo el mal quiere dominar en el mundo y es necesario entrar en lucha contra el mal. Vemos cómo lo hace de tantos modos, cruentos, con las distintas formas de violencia, pero también disfrazado de bien y precisamente así destruyendo los fundamentos morales de la sociedad”. ¡Qué pena que estas palabras hayan pasado tan desapercibidas!

En una situación como esta un cristiano no puede sino volver su mirada al Evangelio y a Jesucristo, escuchando de su boca, una vez más: “¡No tengáis miedo! ¡Que vuestro corazón no se turbe! ¡Yo he vencido al mundo!” El mal no tiene la última palabra. Dios sí. Y está actuando, a pesar de todo y especialmente en estos momentos tan difíciles. Y sabrá sacar, como ha hecho siempre a lo largo de la historia, un bien más grande, una abundancia de gracia y de novedad también en este momento crucial de nuestra historia. ¡Pero necesita nuestra disponibilidad y colaboración! Por eso no cesa de llamar e interpelar, suscitar y provocar, mandar y enviar… Sí, cada vez estamos más convencidos: ¡Este es un momento precioso para decir que “sí” al Señor! No es momento de huir, de quejarse, de andar encogidos, de caer en la trampa de la cobardía o del “sálvese quien pueda”. Este es un tiempo muy recio, es verdad, ¡pero vocacionalmente precioso, lleno de retos impresionantes!

¿QUIÉN RESPONDERÁ A SU LLAMADA?
¿QUIÉN IRÁ EN SU NOMBRE? 
¿QUIÉN TENDRÁ EL VALOR DE ENTRAR EN ESTA LUCHA? 
¿QUIÉN OFRECERÁ LO MEJOR DE SU VIDA POR EL SEÑOR Y POR SU IGLESIA? 
¿QUIÉN ESTÁ DISPUESTO A SOSTENER, COMO SAN FRANCISCO, LA IGLESIA?

Querido amigo, ahora es el momento crucial para una respuesta valiente. Cristo, la Iglesia, el mundo necesitan tu fuerza, tu palabra, tu pasión, tu oración confiada, tu amor incondicional y sin rebajas... No te pierdas en discusiones inútiles y en críticas fáciles. No te dejes vencer por el pesimismo. No caigas en la tentación de creer que el mundo y nuestra vida discurren sin un rumbo, sin una meta. AHORA ES EL MOMENTO DE PRONUNCIAR UN “SÍ”, UN “AQUÍ ESTOY”. ¿ESTÁS DISPUESTO?

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