Los Franciscanos Conventuales: custodios en Roma de la tumba de los apóstoles Felipe y Santiago el Menor


Hoy se celebra la fiesta de los santos Felipe y Santiago el Menor, apóstoles del Señor. Los relatos evangélicos nos narran que entre los galileos que tuvieron la dicha de ser llamados por Jesucristo a formar el grupo de los doce se encontraban Felipe, natural de Betsaida, y Santiago, de Caná de Galilea, hijo de Alfeo y pariente del Señor. Ambos respondieron con prontitud y generosidad a la llamada del Señor y le acompañaron desde el principio de su ministerio por los pueblos y ciudades de Palestina. Escucharon de sus mismos labios la predicación de la Buena Noticia de la salvación y fueron testigos de sus milagros, de su resurrección y ascensión a los cielos. Al final, también ellos, dieron su vida por Cristo aceptando el martirio. 

Muy pocos saben que sus reliquias se conservan actualmente en la antiquísima basílica de los Santos XII Apóstoles de Roma, sede de la Curia general de los Franciscanos Conventuales desde 1463 por concesión del papa Pío II. En realidad, su construcción se remonta al siglo VI, durante los pontificados de Pelagio I y Juan III. Este último fue quien dedicó la basílica en el año 570 a los Doce Apóstoles, como una réplica occidental del Apostoleion de Constantinopla, trayéndose para la ocasión las reliquias de los apóstoles Felipe y Santiago. Desde entonces reposan juntos en un sepulcro de mármol bajo el presbiterio de la basílica, en un cripta de estilo neo-paleocristiano. Junto a ellos reposan también numerosos mártires de las persecuciones romanas, como santa Eugenia, san Sabino, etc. En esta misma basílica quiso ser enterrado, al lado de la sacristía, el último papa franciscano, Clemente XIV (1769-1774). 

La antigua basílica ha sufrido a lo largo de los siglos muchas transformaciones arquitectónicas y decorativas. Hoy en día se presenta al exterior en estilo renacentista (época de Sixto IV y Julio II, ambos franciscanos) y al interior en estilo barroco. Después de los sepulcros de los santos Pedro y Pablo, con sus respectivas basílicas, son los únicos apóstoles del Señor que están enterrados en la ciudad eterna, custodiados con gran veneración por los Franciscanos Conventuales. ¡Un motivo más para visitar Roma y renovar el don de la fe católica que hemos recibido de los apóstoles! 

Ubicación: Piazza Santi XII Apostoli, 51; a un paso de piazza Venezia y de los Foros Imperiales.


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