28 de mayo de 2012

En la Iglesia como san Francisco (I). Cuando llega la crisis...


Nos duele profundamente todo lo que está ocurriendo en la Iglesia en estos meses, sobre todo en la Santa Sede. Cada día los medios de comunicación nos ofrecen nuevos datos que producen en nosotros inquietud y desconcierto. Sabemos que muchas de las noticias y comentarios hemos de acogerlos con las debidas cautelas, pero el desarrollo de los acontecimientos apunta a hechos reales que necesariamente provocan en nosotros malestar y tristeza: luchas de poder e influencia, mala gestión económica, robo y filtraciones de documentos reservados, “cuervos” y aves de rapiña en el Palacio Apostólico... ¿Cómo no sentirse afectado por todo ello? 

Hemos nacido al Evangelio y a la fe en la Iglesia, de su mano. Realmente es nuestra madre. Aunque sabemos que lo definitivo y absoluto es Dios y su Reino, no queremos ni podemos prescindir de su mediación. Hemos experimentado repetida y gozosamente que de ella recibimos más de lo que nosotros le damos. Con alegría y también con fatiga hemos ido descubriendo que no es sólo organización, institución o estructura, sino también misterio, espacio y lugar de salvación donde se actualiza en la historia el querer salvador de Dios, una verdadera familia de hijos y hermanos. Nadie pide un perfeccionismo infantil y desencarnado para ella (¡sabemos por propia experiencia que es imposible y hasta no deseable!), pero nos resistimos a verla así. ¿Qué hacer entonces? 

Desde luego orar, orar mucho por ella y por aquellos a quienes se les ha confiado la tarea del gobierno y el servicio de la autoridad. También, evitar las críticas destructivas, las contraposiciones y los desplantes, porque que no llevan a ningún sitio. San Francisco nos enseña que en las situaciones de crisis y “decadencia” lo urgente es recrear un camino de fidelidad a Jesucristo, de seguimiento humilde de sus huellas, de mayor autenticidad de nuestra vida cristiana. Es la llamada al testimonio esencial de la persona creyente, de la comunidad parroquial o religiosa, del grupo o institución. Ahí se sostiene realmente la Iglesia.