14 de junio de 2012

El tiempo de Dios

Hay un pequeño libro que a pesar del paso de los años sigue siendo fuente de inspiración para los franciscanos (aunque no solo): “Sabiduría de un pobre”. Al releer ciertas páginas y detenerte en algunas de las perlas que ofrece su autor, el franciscano Eloi Leclerc, sientes que el corazón se ensancha. En este mes de junio, dedicado tradicionalmente a poner la mirada en el Corazón de Cristo, fuente inagotable de amor y de misericordia, y en medio de la situación tan difícil que nos está tocando vivir (hoy las noticias económicas son desoladoras...), no está demás recordar que en Él podemos encontrar descanso, consuelo, esperanza, fortaleza y paz para nuestro pequeño y frágil corazón.
«Hay un tiempo para todos los seres. Pero ese tiempo no es el mismo para todos. El tiempo de las cosas no es el de los animales y el de los animales no es el de los hombres. Y, sobre todo y diferente a todo, está el tiempo de Dios que encierra todos los otros y los sobrepasa. El corazón de Dios no late al mismo ritmo que el nuestro. Tiene su movimiento propio: El de su eterna misericordia, que se extiende de edad en edad y no envejece nunca. Nos es difícil entrar en este tiempo divino y, sin embargo, solamente en él podemos encontrar paz. Aprender a vivir en el tiempo de Dios, ahí está seguramente el secreto de la sabiduría. Por eso es tan importante saber esperar, como Dios solo sabe esperar... Espera siempre. Hasta el fin».
¡Dios es amor!