«Comencemos, hermanos...»


Del 1 al 6 de julio, los Franciscanos Conventuales de España hemos celebrado la segunda parte del XIX Capítulo provincial. Durante el mismo, se ha elaborado el Proyecto Provincial para los próximos cuatros años y han sido elegidos los hermanos que desempeñarán los oficios y ministerios de animación de las fraternidades y obras apostólicas de la Provincia: guardianes, párrocos, directores de colegios, presidentes de comisiones y delegaciones (Pastoral, Formación, Pastoral Juvenil-Vocacional, Misiones, etc...). Muchos han sido los temas tratados y las decisiones tomadas durante estos días. Mucho lo compartido y vivido en la oración, en la asamblea capitular, en los “corrillos” y en los agradables paseos después de cenar... 

Una cosa ha resonado con fuerza durante estos días: que el tiempo que nos toca vivir es tiempo de mayor exigencia, urgencia y movilización… Esta movilización no es sólo activista, es antes que nada una movilización espiritual (que no espiritualista), de más oración, de más disponibilidad y espíritu de conversión, de más entrega al Señor y sobriedad de vida, de más atención al que sufre, de más arrojo y valentía evangelizadoras, de más visibilidad... Los tiempos difíciles, como los nuestros, son tiempos de conversión y de santidad. O, lo que es lo mismo, de radicalidad, en los que, como bien ha apuntado el Papa Benedicto XVI, es urgente “volver a la raíz del amor a Jesucristo con un corazón indiviso, sin anteponer nada a ese amor, con una pertenencia total”

El XIX Capítulo provincial ha concluido y los hermanos hemos vuelto a dispersarnos por toda la geografía española, con el deseo de vivir con mayor verdad lo que san Francisco llamaba su camino: el de la «santa sencillez». Porque cuando se vive con sencillez y autenticidad el Evangelio, como él lo vivió, es la vida misma la que se hace anuncio elocuente. En nuestra vuelta a la vida cotidiana, una vez más han vuelto a resonar con fuerza las desconcertantes palabras de nuestro padre Francisco al final de su vida: «Comencemos, hermanos, a servir al Señor, porque hasta ahora poco o nada hemos hecho» (1Cel 103). Son, sin duda, un buen recordatorio ante la tentación de acomodarnos o instalarnos en las metas ya conseguidas... Conscientes de la desproporción entre lo que somos y lo que estamos llamados a ser y a vivir, al final del Capítulo hemos querido confiar la Provincia de España a la Madre de Dios, Nuestra Señora de Montserrat, para que ella sostenga nuestro “sí” y nos enseñe a alabar, bendecir, dar gracias y servir al Señor con gran humildad (San Francisco, Cántico de las criaturas).

ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN A LA VIRGEN AL FINAL DEL CAPÍTULO

Santa Virgen María, Madre de Dios y dulce Madre nuestra, Señora de los Ángeles y Reina de la Orden de los Menores, nosotros, frailes menores conventuales, en representación de todos los hermanos de la Provincia de España, renovamos nuestra consagración a ti, para que dispongas de nosotros y de toda nuestra Provincia como mejor te plazca, para gloria de Dios y para que venga su Reino a la tierra. En tu Inmaculada Concepción resplandece la vocación de los discípulos de Cristo, llamados a ser, con su gracia, santos e inmaculados en el amor. En ti brilla la dignidad de todo ser humano, que siempre es precioso a los ojos del Creador.

Te confiamos nuestras fraternidades, los lugares de misión y todos aquellos a los que el Señor nos envía como testigos suyos: niños, jóvenes, familias, ancianos y enfermos. Haz que, fieles a nuestra vocación franciscana, vivamos en fraternidad y pobreza, anunciando la paz y la esperanza a nuestro mundo. Tú que acompañaste el camino de nuestros primeros hermanos y eres Madre de nuestra vocación, recibe en tu materno regazo a quienes se sientan llamados a vivir sólo para Dios y su Reino en nuestra Orden. Enséñanos a caminar con ellos, a sostenerles en sus dudas y a alentar sus deseos de santidad, hasta ver formado en ellos el vivo y luminoso rostro de Jesús, el Hijo bien amado.

Virgen hecha iglesia, concédenos colaborar contigo en tu lucha contra el Maligno, príncipe engañador de este mundo, que corroe los corazones, las familias, las relaciones humanas y las relaciones entre los pueblos, y la misma Iglesia. Tú eres la Mujer victoriosa, que con tu Hijo aplastas la cabeza a la serpiente.

Santa María, invocada en nuestra Provincia con la especial advocación de Nuestra Señora de Montserrat, quédate junto a nosotros y ayúdanos con tu presencia materna, para que también nosotros podamos consolar y socorrer a quienes encontremos en nuestro camino, hasta que todos lleguemos un día contigo, con San Francisco, San Maximiliano, los beatos Alfonso López y compañeros mártires y todos los santos, a adorar por siempre al Padre del cielo, que te eligió desde la eternidad para ser la Madre de su Hijo amado por obra del Espíritu Santo. Amén.

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