25 de julio de 2012

El camino del apóstol


«El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos». Pero a nosotros nos da miedo ponernos al servicio de los demás, gastar la vida, entregarla sin reservas. Un terrible instinto de conservación nos lleva hacia el egoísmo y nos atenaza cuando queremos jugarnos la vida. 

Sí, en el fondo, nos da miedo gastar la vida. Pero la vida se nos ha dado para gastarla; no se la puede economizar en estéril egoísmo. Gastar la vida es entregarla a fondo perdido al Señor Jesús, como el apóstol Santiago, comprometiendo toda la existencia en una decisión radical, creciendo en un amor cada vez más entrañable a la Iglesia y mostrando siempre su rostro más materno. Gastar la vida es trabajar por los demás, aunque no paguen; hacer un favor al que sabemos no va a devolver; gastar la vida es lanzarse aun al fracaso, si hace falta, sin falsas prudencias; es quemar las naves en bien del prójimo y para que otros muchos conozcan a Aquel que les ama y ha dado su vida por ellos. ¡Ojalá evitemos la prudencia cobarde que nos hace huir del sacrificio y buscar la seguridad! Gastar la vida no se hace con gestos ampulosos y falsa teatralidad. La vida se da sencillamente, sin publicidad, llevando la justicia a los hambrientos, la alegría a los tristes, la paz a los que sufren. Gastar la vida es poner nuestros pies donde el Señor puso sus pasos, compartiendo su vocación y su destino. Gastar la vida es ser apóstoles humildes que lleven la presencia de Dios a los hermanos. 

Apóstol Santiago, amigo del Señor, intercede por los pueblos de España, de Europa y de tantos otros lugares allende los mares, donde eres signo de identidad cristiana y promotor del anuncio de Cristo. Amén.