21 de julio de 2012

Por falta de luz...


Cuenta Maxim Gorki la historia de un pensador ruso que pasaba por una etapa de cierta crisis interior y decidió ir a descansar unos días a un monasterio. Allí le asignaron una habitación que tenía un cartelillo sobre la puerta en el que estaba escrito su nombre. Por la noche, no lograba conciliar el sueño y decidió salir a dar un paseo por el imponente claustro. A su vuelta, se encontró con que no había suficiente luz en el pasillo para leer el nombre que figuraba en la puerta de su dormitorio. Fue recorriendo el claustro y todas las puertas le parecían iguales. Por no despertar a los monjes, pasó la noche entera dando vueltas por el enorme y oscuro corredor. Con la primera luz del amanecer distinguió al fin cuál era la puerta de su habitación, por delante de la cual había pasado tantas veces a lo largo de la noche, sin advertirlo. Aquel hombre pensó que todo su deambular de aquella noche era una figura de lo que a los hombres nos sucede muchas veces. Pasamos por delante de la puerta que conduce al camino que estamos llamados, pero nos falta una luz, aunque sea pequeña, para verlo. La luz de la confianza, de la valentía...  

Saber cuál es el sentido de nuestra vida es la cuestión más importante que debemos plantearnos cada uno y que podemos plantear a quienes queremos ayudar a vivir con acierto. No nos cansaremos de repetirlo: ¡No estamos en este mundo sin un por qué y no caminamos hacia la nada o el vacío! Cada uno de nosotros es el fruto del querer de Dios. Cada uno de nosotros es amado personalmente, cada uno es acompañado y sostenido, ¡no camina solo en la vida! Y el nuestro es un Dios-que-llama, y que llama porque ama. El Dios-que-llama, que llamó a Abrahán, a Isaac, a Samuel, a Isaías, a Jeremías… a la Virgen María, a Pedro, a Andrés, a Juan, a Marta y a María, a Pablo… a Francisco, a Clara… a cada uno de nosotros, es un Dios interesado en la vida y en la felicidad del hombre, ya que sabe que el hombre será feliz sólo si realiza hasta el fondo el proyecto de amor que, desde el inicio de su existencia, lleva escrito en el corazón. ¡No sigas pasando de largo ante la puerta que conduce al camino que Dios tiene preparado para ti!