24 de agosto de 2012

Campo de Solidaridad Misionera en Colombia

Fiesta de Santa Clara de Asís, en Corozal (Colombia)
Acaban de regresar de Colombia, en concreto de Corozal, una pequeña ciudad de unos 50.000 habitantes situada al norte del país, cerca de Cartagena de Indias. Son un grupo de 10 jóvenes vinculados a distintas comunidades de los Franciscanos Conventuales de España que, acompañados por fray Juan Cormenzana, han colaborado en la misión que tiene la Orden en el norte de Colombia, compartiendo la vida cotidiana de la gente, su sencillez y su alegría contagiosas, su fe y su hospitalidad, su tesón y su capacidad de superación, etc. También han tenido la oportunidad de conocer de primera mano los aspectos más tristes de aquella tierra: la pobreza en la que viven muchas familias, los grandes contrastes y desigualdades, la corrupción y la falta de oportunidades. 

En esta ciudad, desde hace ya unos cuantos años, los Franciscanos Conventuales de la Custodia de Colombia atienden la parroquia de Santa Clara de Asís, además de las capillas de los 11 “corregimientos” o pedanías pertenecientes a la parroquia y varios proyectos sociales: un comedor, una explotación agropecuaria y un centro de refuerzo escolar.  

Según nos cuentan con emoción, en Corozal quedaron maravillados al ver el “paisaje paradisiaco”, con unos colores que atrapan, interminables extensiones de sabana y unos atardeceres indescriptibles. En la ciudad, en cambio, las sensaciones fueron diferentes: casas a medio hacer, algunas de ladrillo (las mejores…), otras de caña, calles sin asfaltar, luz y agua si hay suerte y no tienen cortes, que es lo más usual, lo cual es un inconveniente para combatir el calor intenso y húmedo que predomina, etc. 

Comenzaban el día compartiendo un rato de oración con los frailes, que les servía no sólo para pensar en todo lo que les depararía la jornada, sino, sobre todo, para caer en la cuenta de “Quien” estaba detrás de todo, alentando y sosteniendo. Durante la mañana, hasta la hora del almuerzo, colaboraban con el refuerzo escolar, acompañaban a los ancianos en el rezo del rosario y un grupito de la rama sanitaria pasaba consulta a los que más lo necesitaban. Por las tardes tenían otro turno de refuerzo escolar y también aprovechaban para visitar a los niños apadrinados desde España, donde comprobaban de primera mano las condiciones en las que viven. A la caída de la tarde acompañaban a los frailes a los corregimientos para compartir con las comunidades la Eucaristía y, ya por la noche, después de la cena, el grupo se reunía para los “cinco minutos”, donde compartían todo que les había deparado el día.

Han sido, según nos dicen, cuatro semanas inolvidables, donde han aportado mucho, sin duda, pero quizás han recibido mucho más... Han vuelto a España cansados, pero felices, dejando un pedacito de su corazón en ese humilde rincón colombiano que sigue necesitando, esperando y agradeciendo la generosidad de todos los que colaboran con las Misiones Franciscanas Conventuales.