El Señor sigue dándonos hermanos...


El pasado 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de la Virgen, en la Basílica de san Francisco en Asís, 13 novicios hicieron su profesión temporal en la Orden de los Franciscanos Conventuales. Proceden de Italia, Alemania, Austria, Croacia, Francia y el Líbano, con edades comprendidas entre los 20 y los 35 años. Entre ellos hay un ingeniero, un fisioterapeuta, varios estudiantes universitarios, un peluquero... Eran felices con lo que eran y hacían, ¡sin duda!, pero sentían en lo más hondo que les faltaba algo... Y comenzaron a buscar, compartiendo con un sacerdote o un fraile lo que estaban viviendo. Así fue como descubrieron que era el Señor quien les llamaba a dejarlo todo para responder con alegría a una llamada y a una misión más grande: la de una vida entregada totalmente a Cristo y a los hermanos siguiendo el testimonio de san Francisco. ¿Sintieron miedo? ¡Sin duda! ¿Tomar la decisión fue fácil? Posiblemente no. Pero alguien les dijo, y ellos mismos comenzaron a experimentar, que el Señor sabe dar alegría profunda y una fuerza insospechada a quien responde con valor y confianza a su llamada.

Para muchos es inexplicable y hasta una temeridad/absurdidad lo acaban de hacer: ¡Con los tiempos que corren! Sin embargo, lo cierto es que en nuestros días el Señor sigue llamando y hay muchos que escuchan su voz y le siguen. ¡Y esto es precioso! Sí, su voz sigue resonando con fuerza en el corazón de aquellos que buscan, que arriesgan, que no se conforman con una vida tranquila y acomodada, con la de aquellos que, a pesar de tenerlo aparentemente todo (una carrera, un buen trabajo, tantas relaciones…), sienten que están llamados a algo más. Hoy, como ayer, el Señor sigue tocando tantos corazones y esperando una respuesta generosa que olvide las redes de la seguridad y se lance al riesgo de ir contracorriente. 

¡Ánimo, hermanos! Damos gracias al Señor porque cada uno de vosotros sois un don precioso para la Iglesia y para nuestra Orden. Y os acompañamos con nuestra oración para que el Señor haga crecer en vuestro corazón el deseo de una vida pobre, humilde y fraterna según el Evangelio.

¿Y si este fuera el camino que estás buscando, la vocación a la que Dios te llama?

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