San Francisco y el último lugar: hermanos menores

«Entonces Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo : “Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: “El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe. Y el que me reciba a mí, no me recibe a mí, sino a aquel que me ha enviado”». Estas palabras del Señor marcaron profundamente a san Francisco, hasta tal punto que quiso explícitamente dar el nombre de «hermanos menores» a todos sus hermanos. ¡El hermano menor es aquel que, siguiendo las huellas de Cristo, busca cada día hacerse pequeño, último, servidor de sus hermanos «lavando los pies» de ellosFrancisco emplea más de 50 veces la palabra «servidor» y 20 veces el verbo «servir» en sus escritos, lo cual dice mucho de la importancia que para él y para sus hermanos tenía esta dimensión del seguimiento de Cristo y de su Evangelio. Su constante contemplación de Jesús, el Hijo de Dios, que no vino a ser servido sino a servir, lo convenció de que el servicio fraterno y el camino del abajamiento por amor es la revolución fundamental del Evangelio. ¡Comprender que nuestra felicidad no está en el instinto de dominación y de poder, sino en la alegría y el gozo de servir! Eso es lo que invierte nuestras jerarquías humanas. 

Francisco lo sabía perfectamente, quizás porque lo había experimentado antes de su conversión, cuando su lógica era otra bien distinta, por eso cuando el cardenal de Ostia le propone escoger para obispos y prelados a algunos de sus hermanos, Francisco responde con firmeza: «Mis hermanos se llaman menores precisamente para que no aspiren a hacerse mayores. La vocación les enseña a estar en el llano y a seguir las huellas de la humildad de Cristo... Si queréis que den fruto en la Iglesia de Dios, tenedlos y conservadlos en el estado de su vocación» (2Cel 148; cf. 2 Cel 18 y 71; LM 6,5). No hay ninguna obsesión enfermiza en Francisco en su rechazo del poder o del dominio..., sino la llamada poderosa del Señor Jesucristo, el «Rey altísimo», que «siendo Señor de todos, quiso hacerse por nosotros servidor de todos, y, siendo rico y glorioso en su majestad, vino a ser pobre y despreciado en nuestra humanidad» (Leyenda de Perusa 97c). Camino arduo el que nos propone el Señor y nos muestra Francisco, sin duda, pero sembrado de alegría verdadera y de libertad auténtica.  

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