“Yo fui la razón de la cruz de nuestro Señor”


Hoy celebramos la Exaltación de la Santa Cruz, antigua fiesta que tiene su origen en el siglo IV, con el hallazgo, por parte de santa Elena, madre de Constantino, de la verdadera cruz donde el Señor fue crucificado.

Esta fiesta es una invitación preciosa a entender que aquello que sucedió en el Calvario fue por mí; que la cruz de Cristo, su sufrimiento, su amor hasta el extremo, fue verdad, ¡no una parodia!, y fue por mí. En nuestro pensamiento humano hay como una especie de contradicción entre el yo y el nosotros. Nuestros amores son tan limitados que apenas podemos amar bien a dos o tres personas. El amor de Dios ama completamente a cada uno de nosotros como si no hubiera nadie más en el mundo.

“Yo fui la razón de la cruz de nuestro Señor”. “Me amó y se entregó por mí”. “El Amor no es amado”. Fijar la mirada en Jesús, pobre y crucificado, no tiene como objetivo generar en nosotros tristeza o culpabilidad, sino todo lo contrario: un agradecimiento inmenso al Señor que me ha amado tanto y una disponibilidad humilde y agradecida a entrar con mayor hondura en su amor y en su seguimiento en el mundo.

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