CUARESMA FRANCISCANA: TIEMPO PARA CRECER EN LA FE

Con la solemnidad de Todos los Santos inicia la “cuaresma franciscana”, tiempo fuerte de preparación a la Navidad del Señor, “la Fiesta de las fiestas”. Como cada año, el Ministro provincial de España de los Franciscanos Conventuales ha dirigido unas palabras a los frailes de la Provincia. Las compartimos con todos vosotros y os animamos a que, siguiendo el ejemplo de san Francisco, viváis este tiempo como una ocasión preciosa para crecer en la fe y en el amor. 

Queridos frailes: ¡el Señor os dé la paz!


Como todos los años, siguiendo cuanto nos piden nuestras Constituciones generales, haciendo referencia originaria a la Regla (1Regla 3,11; 2Regla 3,5-8), os invito a vivir la cuaresma franciscana como un tiempo de gracia, como una oportunidad preciosa que nuestra tradición franciscana pone en nuestras manos benignamente.

El hermano Francisco mismo nos desvela cual ha de ser el sentido más hondo de nuestra penitencia: “Estemos vigilantes, no sea que, bajo pretexto de alguna preocupación, o quehacer, o favor, perdamos o apartemos del Señor nuestro corazón… Antes bien, como mejor puedan, sirvan amen, honren y adoren al Señor Dios con limpio corazón y mente pura” (1Regla 22, 25-26). Para que nuestra mente y nuestro corazón sean y estén cada vez más libres, es necesario recuperar la sobriedad y la ascesis de nuestra tradición cristiana, que recoge también ampliamente la Regla que profesamos.

La celebración de la Navidad, que nos lleva a contemplar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios, tan central en nuestra espiritualidad franciscana, ha de ser realmente alternativa entre nosotros, despojándola del consumismo, las desigualdades y las costumbres paganas que nada aportan al anuncio vivo del Evangelio por el que estamos llamados a apostar como fraternidad franciscana en la Iglesia y en el mundo. No tengamos miedo a ser “chocantes” si nuestras opciones remiten al Evangelio y al encuentro con Jesucristo, hoy como ayer venido en carne, Dios con nosotros. Nos pueden ser iluminadoras las palabras que J. Chittister escribiera en su ya clásica y celebre reflexión sobre la vida religiosa “El fuego en estas cenizas” y que dice así: “La conversión es el proceso de llegar a ver el mundo de modo diferente del que la cultura, la comodidad, y el afán de dominio nos inducen a verlo”.

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