12 de octubre de 2012

El lenguaje de Dios, pequeñas insinuaciones

Dios “habla” un lenguaje distinto, personal, podríamos decir, con cada uno. Tiene una llave distinta, un “password” personal que abre la puerta de un solo corazón: ¡el tuyo! Suele evocar recuerdos y situaciones que solo cobran sentido para cada uno. Cuenta san Juan en su evangelio que a Natanael, por ejemplo, le dijo: «Antes que Felipe te llamase, te vi yo, cuando estabas debajo de la higuera». Nunca sabremos qué sucedió exactamente en su interior, pero aquello fue lo que abrió la puerta de su corazón y le movió a seguir al Señor. Por eso, no debemos menospreciar las pequeñas insinuaciones de Dios que provienen de cosas que leemos, o que se nos ocurren, o que nos acordamos, o que nos dicen. No se trata de interpretar cada pequeña cosa como un mensaje de Dios, o como un presagio o una señal divina que nos indica qué debemos hacer… Pero también es cierto que nada de lo que nos sucede es simple casualidad. Tejemos nuestra vida, día a día, bajo la mirada de Dios. Todo sucede por algo y para algo. Dios no dispone las cosas, la vida de una persona, para que esté ahí, sin más, sin sentido: nacer, comer, vivir, morir, sin un porqué ni un para qué. Dios acompaña cada uno de nuestros pasos, tantas veces vacilantes. Nos descubre lo necesario para que a su vez nosotros descubramos el sentido de nuestra vida. Suele hacerlo poco a poco, sin avasallar, buscando en nosotros un diálogo de generosidad y libertad entre sus llamadas y nuestras respuestas. 

Quizás ha esperado durante mucho tiempo y ahora empieza a descubrirte su querer, o quizás lo intenta desde hace tiempo, pero tú te resistes... Quizás, finalmente, te has convencido de que no vale la pena acallar por más tiempo la llamada que resuena dentro de ti, que te llena de alegría (¡y también de temor!), que despierta lo mejor de ti mismo... Es hora de ponerse en camino, de confiar y de contárselo a alguien que te pueda ayudar. No lo dudes: si la llamada viene de Dios, ahí está tu felicidad y el sentido más hondo de tu vida. ¡No la dejes escapar!