INTERCESIÓN DE NUESTROS SANTOS POR EL CAPÍTULO

Icono del noviciado del Sacro Convento de Asís
Cuando faltan pocas horas para el comienzo del Capítulo general en Asís, invocamos con confianza la poderosa intercesión de los Santos y Beatos de la Orden:

San Francisco de Asís, pobre, humilde y amante de la cruz del Señor; padre y hermano nuestro en los caminos del santo Evangelio: Ayúdanos a amar cada día más a Jesús, verdadera y única riqueza por la que vale la pena dejarlo todo.

Santa Clara de Asís, sierva de Cristo y pequeña planta del padre Francisco: Enséñanos a conocer el amor del Dios que pobre fue colocado en un pesebre, pobre vivió en este mundo y desnudo murió en la cruz. 

Santos Mártires Berardo y campañeros, hermanos valientes que derramasteis vuestra sangre por Cristo en los comienzos de la Orden Franciscana: Rogad por nosotros, para que el testimonio elocuente de amor a Jesucristo que sellasteis con vuestro martirio sea semilla de nuevas vocaciones consagradas. 

San Antonio de Padua, infatigable predicador de la Verdad del Evangelio; valiente defensor de pobres y débiles: Muéstranos el camino de la fe que obra por medio de la caridad. 

Santa Isabel de Hungría, que rechazaste las riquezas para abrazar la pobreza con Cristo pobre; mujer fuerte que te desviviste en el servicio a los más débiles e indefensos: Enséñanos a buscar la felicidad que no pasa. 

Beato Gil de Asís, tercer compañero del padre Francisco; hermano de profunda humildad y de altísima contemplación: Ayúdanos a seguir con fidelidad la vía privilegiada de la humildad y de la sencillez de corazón. 

San Luis de Tolosa, que renunciaste a la corona real para abrazar la vida de los frailes Menores; joven obispo que rehusaste habitar en palacios para rodearte de pobres y mendigos: Enséñanos a amar a la Iglesia con fidelidad, renovándola con la santidad de nuestra vida. 

San Buenaventura, amigo de Dios que nos dejaste un camino seguro para llegar a la contemplación y comunión con Él; Doctor de la Iglesia por tu sabiduría y santidad de vida: Ayúdanos a reconocer las huellas de Dios en la obra de sus manos. 

Beato Juan Duns Escoto, maestro de vida y de enseñanza, defensor de la Virgen Inmaculada: Guíanos por el camino del bien y de la verdad. 

San Bernardino de Siena, apasionado predicador del Nombre de Jesús, el único que puede salvar: Ayúdanos a anunciar con valentía a Jesucristo, Hijo amado de Dios y Salvador nuestro. 

San José de Copertino, atravesado por un profundo amor a Cristo presente en el Misterio eucarístico; humilde y paciente en la incomprensión y en la adversidad: Enséñanos a poner toda nuestra confianza en el Señor. 

San Pedro de Alcántara, de oración continua y de vida pobre y penitente: Ayúdanos a renovarnos constantemente en el espíritu del Evangelio, nuestra vida y regla. 

San Maximiliano Kolbe, enamorado de la Inmaculada Madre de Dios; mártir de la caridad en el infierno de Auschwitz: Enséñanos a amar a la Virgen María y a acercarnos siempre confiados a su corazón de Madre, para aprender de ella el camino de la entrega y del servicio humilde a los hermanos. 

Todos los Santos y Beatos de la Orden, hermanos y hermanas nuestros que a lo largo de ocho siglos os habéis atrevido con todo por amor a Cristo y a su Iglesia: Rogad por nosotros, para que vivamos con fidelidad, hasta el final, la vocación que hemos recibido, y podamos un día compartir con vosotros la alegría inmensa de la fraternidad del cielo.

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