10 de febrero de 2013

Dios no se fija tanto en nuestras cualidades... ¡sino en nuestra fe!

¡Confía en mí!
Algunas "pistas vocacionales" del Papa en el Ángelus de hoy, comentando el Evangelio de la llamada de los primeros discípulos y la pesca milagrosa:

En la liturgia de hoy, el Evangelio según san Lucas presenta el pasaje de la llamada de los primeros discípulos, con una versión original respecto a los otros dos sinópticos, Marcos y Mateo (Mc 1,16-20; Mt 4,18-22). La llamada, de hecho, está precedida de la enseñanza de Jesús a la multitud y de la pesca milagrosa, cumplida por voluntad del Señor (Lc 5,1-6). Mientras la multitud se reúne a las orillas del lago para escuchar a Jesús, Él ve a Simón desalentado por no haber pescado nada en toda la noche. Primero le pide subir a la barca para predicar a la gente estando a poca distancia de la orilla; después, terminada la predicación, le pide que vaya mar adentro con sus compañeros y que echen las redes (v. 5). Simón obedece y pescan una cantidad increíble de peces. De esta forma, el evangelista hace ver como los primeros discípulos siguieron a Jesús fiándose de Él, apoyándose en su Palabra, acompañada también de signos prodigiosos. Observamos que, antes de este signo, Simón se dirige a Jesús llamándole “Maestro” (v. 5), mientras que después le llama “Señor” (v. 7). Es la pedagogía de la llamada de Dios, que no mira tanto las cualidades de aquellos que elige, sino su fe, como la de Simón que dice: “Por tu palabra echaré las redes” (v. 5). 

El texto de hoy hace reflexionar sobre la vocación al sacerdocio y a la vida consagrada. Esa es obra de Dios. El hombre no es autor de la propia vocación, sino que es una respuesta a la propuesta divina; y no nos tiene que asustar nuestra debilidad si Dios nos llama. Lo más importante es confiar en su fuerza que actúa precisamente en nuestra pobreza; sí, confiar cada vez más en la potencia de su misericordia, que transforma y renueva.

Amigo, si estás escuchando la llamada del Señor, que tu debilidad o tus límites no sean un obstáculo. ¡Pon tu ojos en Él! Dale gracias por esta muestra de amor que tiene contigo y pronuncia tu sí, confiando en la fuerza de su gracia y en su promesa: “Yo haré de ti un pescador de hombres. Recuerda: La vocación es, sobre todo, cuestión de confianza.