7 de febrero de 2013

El valor de un “sí” y las infinitas sorpresas de Dios...

Lo hemos dicho en varias ocasiones, pero no nos cansaremos de repetirlo: Nuestra vida no está predeterminada, no está escrita… Tampoco está dirigida por la suerte o la casualidad como piensan algunos. Nuestra existencia personal ha sido querida y bendecida por Dios y tiene una finalidad. La vida no es una simple sucesión de hechos y experiencias, sino una búsqueda de la verdad, del bien, de la belleza... ¡una búsqueda de Dios! Con ese fin tomamos nuestras decisiones y encontramos la felicidad y la alegría, aunque por el camino también encontremos sufrimientos y pruebas...

La vida está abierta a nuestras decisiones libres. Esto también sirve para el tema de la vocación. Dios tiene un proyecto y una misión de amor y salvación (¡eso es la vocación!) para cada uno de nosotros, pero, al crearnos, ha querido correr el riesgo y la aventura de nuestra libertad. Es decir, ha querido que la historia de cada uno de nosotros sea una historia verdadera, no una ficción o un teatro, donde los protagonistas seamos nosotros con nuestras decisiones personales. 

Hoy en día influye mucho en nosotros el ambiente que nos rodea a la hora de tomar una decisión, sobre todo si tiene que ver con la fe y no digamos con la vocación. Con frecuencia, nace en nosotros el deseo de conocer a Cristo, de acercarnos a la Iglesia, de participar en un grupo de catequesis o pedir ayudar para saber qué quiere Dios de mí..., pero no nos atrevemos a dar el paso por temor o vergüenza a lo que puedan pensar o decir en casa, los amigos, los compañeros de clase o del trabajo. ¡Qué importante es tener el valor de ir más allá de lo que se lleva o no se lleva! Más allá de la indiferencia o la increencia de moda. Más allá de los tópicos y los prejuicios. Mucho más allá.

Si estás escuchando la llamada de Dios, ten la valentía de ser audaz con Él. Prueba. ¡De verdad! No tengas miedo de Él. Ten la valentía de arriesgar con la fe. Ten la valentía de arriesgar con la bondad. Ten la valentía de arriesgar con el corazón puro. Comprométete con Dios; y entonces verás que precisamente así tu vida se ensancha y se ilumina, y no resulta aburrida ni vacía (cómo te dirán algunos...), sino llena de infinitas sorpresas, porque la bondad infinita de Dios y su creatividad no se agotan jamás...