3 de marzo de 2013

¡Dios es el nunca bastante!

En una novela de Niko Kazantzakis, El pobre de Asís, publicada en los años setenta, se lee que un día fray León, siempre atento a cuanto sucedía en la vida del padre y hermano Francisco, estando en el monte Alverna, lo oyó llorar y aunque con dificultad fue capaz de oír aquellas conocidas palabras: “El Amor no es amado, el Amor no es amado”. Con gran respeto, como quien entra en el santuario de la más profunda intimidad de un hombre de Dios, León preguntó: “¿Por qué lloras hermano Francisco?” Francisco no respondió, tan sólo continuó diciendo: “El Amor no es amado, el Amor no es amado”.

León, quizás para consolarlo, pero seguramente convencido de lo que decía, interrumpió el llanto de Francisco y le dijo: “Francisco, ¿no te parece que ya has hecho bastante por Jesús, dejando a tu padre y a tu madre, a tus amigos y un futuro prometedor?” Y Francisco respondió: “No, no es bastante”.

“Pero Francisco –continuó diciendo León- ¿no te parece haber hecho bastante quitándote la ropa delante de todos, pidiendo limosna por las calles de tu ciudad, abrazando a un leproso..., hasta el punto de pasar por loco ante los tuyos?”. “No, no es bastante” –respondió todavía Francisco-.

Por tercera vez, León insistió: “Francisco, ¿no te parece suficiente sufrir como estás sufriendo a causa de los estigmas, de la rebeldía de algunos de tus hermanos, de la enfermedad de los ojos?”. Y todavía una vez más Francisco, esta vez, con voz fuerte, gritó: “No, no es bastante, no es bastante, no es bastante”. Y concluyó: “Escribe y recuerda en tu corazón, fray León, Dios es el nunca bastante”.

“Dios es el nunca bastante”, desconcertante respuesta. Por Dios, Francisco había hecho tantas cosas y, aún así, no le parecía suficiente, por eso no dejaba de gritar: “El Amor no es amado”. Era el grito de un enamorado a quien parece siempre poco lo que hace por el Amor... Francisco nos enseña la grandeza de la vocación: Dios no se “conforma” con una parte de nuestra vida, con un rato de oración, con una parte de nuestro tiempo... Dios quiere todo nuestro ser, ¡quiere nuestro corazón! Sólo si estás dispuesto a dárselo, ¡aunque te cueste!, esta vida (consagrada) vale la pena...