25 de abril de 2013

De futbolista a fraile franciscano: la historia de fray Graziano


Desde pequeño, el sueño de Graziano Lorusso era solamente uno: llegar a ser futbolista profesional. En 1990, con 16 años, consiguió realizarlo, al ser fichado como centrocampista por el Bolonia tras haber jugado en otros equipos regionales del sur de Italia. Un año después fue convocado para el Mundial sub 17 con la selección italiana, jugando junto a Alex del Piero. Con 18 años tenía ante sí un futuro prometedor en el fútbol y no le faltaba de nada: dinero, coches, fiestas, viajes. ¡Todo lo que un joven de su edad podía desear! Poco a poco fueron llegando los primeros premios y reconocimientos por la calidad de su juego, lo que hizo que otros equipos empezaran a interesarse por él. Sin embargo, “se sentía triste, vacío, desilusionado”. Y comenzó a buscar “algo más”, a pasar largos ratos solo y en silencio. Hasta que un día aquel ambiente se le hizo insoportable y decidió volver con sus padres, cerca de Bari, en el sur de Italia. Era el año 1997.  

Allí, en su ciudad natal (Gravina), empezó a frecuentar la iglesia de San Francisco y a compartir con un fraile franciscano conventual lo que le estaba ocurriendo… Hasta que descubrió que Dios había puesto otro “sueño” en su corazón y que ahora le llamaba a realizarlo. Con gran sorpresa y no menos desconcierto por parte de los que le conocían, decidió dejarlo todo para seguir a Cristo como franciscano, cambiando el equipamiento deportivo por el hábito de San Francisco, el campo de fútbol por el convento, la pasión por el balón por la pasión por el Evangelio. 

El pasado sábado, en la catedral de Gravina de Pulla, fue ordenado sacerdote rodeado de su familia, de tantos hermanos franciscanos y de numerosos amigos. También estaban algunos ex-compañeros y entrenadores de los equipos en los que jugó. Lleno de emoción, al final de la celebración, reconoció: “Ahora sí que soy feliz de verdad, entregando totalmente mi vida a Cristo y pudiendo servir a la Iglesia. No echo en falta nada de lo que dejé, al contrario: ahora puedo decir que realmente se está cumpliendo mi verdadero sueño, el sueño de Dios para mí. ¡Sí, ahora juego en el mejor equipo y con el mejor Capitán!”

Su historia nos recuerda que Dios sigue llamando, porque tiene un proyecto, un “sueño” de amor y salvación (¡mucho más grande de lo que hubiéramos imaginado!) para cada uno de nosotros. Este “sueño” puede ser un camino de entrega y de servicio siguiendo las huellas de Cristo en el sacerdocio o en la vida consagrada, como fray Graziano, para llevar el tesoro del Evangelio, la luz y la esperanza de la fe, al corazón de gentes, tierras, historias, vidas heridas y sedientas de Él. No lo dudes: ¡si escuchas dentro de ti la llamada del Señor, no endurezcas tu corazón!

¡Al Señor Jesús gloria y alabanza!