La castidad no es una soltería sin vínculos (I)

Esto es lo que el Papa Francisco ha querido recordar a todos los religiosos, llamados a la castidad por el Reino de los cielos. ¿A la qué? A la CASTIDAD... Es verdad: puede sonar a algo antiguo, superado y por lo tanto irrelevante “en la hora de los feelings”, como alguno ha denominado a nuestra época. Y sin embargo, no son pocos los hombres y mujeres a los que Dios ha pedido esa entrega total y han dicho que sí. Gente normal, ¡de carne y hueso! Aún con todo, a muchos la castidad les parece un lastre del pasado, una carga inhumana, un refugio o escapatoria para gente que huye, que tiene miedo al cuerpo y al sexo, para gente acomplejada… ¡Por eso levanta tantas sospechas! Hay que reconocer también que los últimos escándalos en la Iglesia han ensombrecido aún más esta realidad, pero lo cierto es que son poquísimos los consagrados que viven así su castidad, con una doble vida. La gran mayoría la viven con alegría y honestidad, dando un testimonio precioso de entrega y de servicio generoso al Señor y a sus hermanos.

La castidad, antes de ser una decisión, es una GRACIA “que amplía la libertad de la entrega a Dios y a los demás con la ternura, la misericordia y la cercanía a Cristo”, ha dicho también el Papa Francisco. Y como toda gracia que viene de Dios, hemos de llevarla en nuestra pobre y frágil vasija de barro, para que se manifieste el poder de su amor sobre nuestra debilidad humana. De ahí que quien se aventura por este camino ha de saber que sólo es posible recorrerlo bajo el signo de la misericordia de Dios. ¿Esto quiere decir que no es necesario nuestro esfuerzo sincero en forma de renuncia, vigilancia, humildad, lucha… para mantenernos fieles? No, por supuesto. ¡Es importantísimo todo eso, como nos recuerda san Francisco! Pero sin olvidar que la castidad es sobre un don de lo alto, ¡y no una conquista narcisista!, una gracia que Dios concede y que capacita a aquel que la recibe para poder vivir plenamente hasta el final su vocación. Porque toda vocación, si es verdadera, tiene la promesa por parte de Dios de poder ser vivida plenamente, como nos recuerda el apóstol san Pablo: “El que comenzó en vosotros la buena obra, la llevará a cumplimiento hasta el día de Jesucristo”

Por eso, amigo, si Dios te llama a una entrega total de ti mismo, ¡no temas! Él estará contigo y te ayudará a ser fiel y a vivir con alegría esta vocación. Y serás feliz, ¡no lo dudes! Y darás mucha vida.  

¡Al Señor Jesús gloria y alabanza!

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