12 de junio de 2013

SAN ANTONIO DE PADUA: ¿PERLAS O «BOMBAS»?

La imagen de San Antonio de Padua que nos ha transmitido una cierta iconografía y también un filón de la tradición popular contrasta con la que se desprende de sus escritos (Sermones), donde emerge un hombre fuerte, decidido, culto, valiente, profundamente evangélico, enamorado de Jesucristo, defensor férreo de los pobres y “sin pelos en la lengua”. De ahí que el título de esta entrada, ya a las puertas de su fiesta anual, podría llamarse más que “perlas antonianas”, que suena demasiado suave, “bombas antonianas”, escritas y pronunciadas por nuestro querido Santo de Lisboa y de Padua en el lejano siglo XIII, pero aún hoy cargadas de actualidad. Ahí van algunas de ellas:

1. «(Los nobles) despojan a los pobres de sus bienes insignificantes y necesarios, a título de que son sus vasallos [...] Después de haber hecho esperar a los necesitados a la puerta de sus palacios, implorando una limosna, una vez que ellos se han saciado opíparamente, les hacen distribuir algunos residuos de su mesa y el agua de fregar [...] ¡Ay de los que poseen depósitos llenos de vino y de grano y dos o tres pares de vestidos, mientras los pobres de Cristo imploran a sus puertas con el estómago vacío y con los miembros desnudos, a los cuales si se les da alguna cosa, es muy poco y no de las cosas mejores, sino todo de desecho!» (Varios Sermones). 

2. «Los buenos prelados de la Iglesia y los verdaderos religiosos son estrellas brillantes en lugar tenebroso. Ellos dirigen a los navegantes a través del mar, con rumbo recto hasta las puertas de la vida eterna. Pero los hipócritas y falsos religiosos son estrellas errantes, causa de naufragio para otros. Por eso serán golpeados por la tempestad de la muerte eterna» (Sermón del Domingo IV de Pascua).

3. «Si tu hermano está ciego por la soberbia, en cuanto depende de ti, procura iluminar sus ojos con el ejemplo de tu humildad; si anda cojo por la hipocresía, enderézalo con la acción de la verdad; si está leproso por la lujuria, límpialo con la palabra y el ejemplo de la castidad; si está sordo por la avaricia, muéstrale el ejemplo de la pobreza de Cristo; si murió por sus glotonerías y sus ebriedades, resucítalo con el ejemplo y la virtud de la abstinencia; y evangeliza a los pobres, enseñándoles la vida de Cristo» (Sermón del Domingo II de Adviento)

4. «En la cruz encontramos la humildad contra la soberbia del diablo; encontramos la pobreza de Cristo contra la avaricia del mundo y la crucifixión con los clavos contra la lujuria de la carne» (Sermón de los Santos Inocentes).

5. «Son muchos (religiosos) los que abandonan sus cosas; y, sin embargo, no siguen a Cristo, porque, por decirlo así, se tienen a sí mismos (o se bastan)» (Sermón para la fiesta de la conversión de San Pablo). 

6. «Son discípulos de Cristo los que se abren con simplicidad al misterio de su corazón: porque Él es veraz y enseña el camino de Dios en la verdad» (Sermón del Domingo XXIII después de Pentecostés).

¡Al Señor Jesús gloria y alabanza!