21 de julio de 2013

“HUELLAS 2013”: FE, SERVICIO Y FRATERNIDAD EN LOURDES

Lourdes tiene algo especial y no solo por su paisaje pintoresco rodeado por los Pirineos, cubierto de prados verdes y regado por el río Gave... Es un lugar bello, sin duda alguna, pero sobre todo es un “lugar de gracia”, bendecido por las apariciones de la Virgen a santa Bernardette, que nos hablan del amor y de la compasión de Dios hacia toda la humanidad. Es también un lugar que “conserva” un mensaje de profunda actualidad porque se presenta como un eco de la Palabra de Dios: es una invitación a la conversión, a la vuelta a Dios y a la comunión con Él. ¡Penitencia, penitencia, penitencia!

Todo esto (¡y mucho más!) es lo que hemos tenido la suerte de vivir del 12 al 18 de julio a través de la experiencia “HUELLAS 2013”, que este año nos ha llevado hasta el santuario de Lourdes. Han sido días para agradecer el don de la fe y también para seguir creciendo en nuestra amistad con Cristo; días para acercarnos al misterio del dolor y del sufrimiento de tantos hermanos nuestros, pero desde la esperanza y el consuelo de la fe, que se reflejaban en el rostro de los enfermos a los que hemos acompañado; días también para estar juntos y para disfrutar de la fraternidad, como nos enseñó san Francisco. Y todo ello de la mano de la Virgen María, ¡bajo su mirada materna! 

Durante estos días hemos aprendido que Ella nos lleva siempre a Cristo: “Haced lo que Él os diga”. Y que en Ella resplandece la vocación de los discípulos de Jesús, llamados a ser, con su gracia, santos en el amor, en la entrega, en el servicio: “Se puso en camino, hacia la montaña, y se dirigió a casa de su prima Isabel”. En María brilla la dignidad de todo ser humano, que siempre es precioso a los ojos del Creador: “Has encontrado gracia ante Dios”.

Ella es Madre de Dios y Madre nuestra. Acompaña con ternura nuestros pasos para que no nos perdamos y sostiene con su oración a los que se sienten llamados a vivir sólo para Dios y su Reino: ¿Por qué no? Por ello, es también Madre de toda vocación, pues no deja de alentar en el corazón de muchos cristianos el deseo de una entrega aún mayor, para que brille cada vez con más claridad en el mundo el vivo y luminoso rostro de Jesús.

Aquí os dejamos algunas fotos como recuerdo de lo que hemos vivido durante los días pasados. Lourdes es un lugar muy especial. De allí hemos vuelto todos con la “inquietud” de conocer y amar más a la Virgen María, porque Ella es un “precioso regalo” de Cristo al discípulo amado, es decir, ¡a cada uno de nosotros!, en el momento decisivo de la cruz.


¡Al Señor Jesús gloria y alabanza!