8 de agosto de 2013

SAN FRANCISCO Y SANTO DOMINGO: EL EVANGELIO SIN REBAJAS

En este día toda la Iglesia celebra la santidad de Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de los Frailes Predicadores (Dominicos), nacido en Calaruega (Burgos), en el seno de una noble familia castellana. Desde su juventud sobresalió por sus virtudes poco comunes. Fue canónigo regular en Osma, donde se ejercitó en la predicación. Su encuentro con los predicadores de la época, encargados de luchar contra la herejía (cátaros), durante un viaje por el sur de Francia (Provenza) cambió el rumbo de su vida, al intuir que la pobreza y la sencillez de vida debía ser la señal legitimadora de la predicación evangélica y que no había otro camino de renovación en la Iglesia que la vuelta a la frescura genuina del Evangelio, vivido en pobreza y humildad

Fue en este contexto en el que surgió la vocación de dos hombres providenciales, "dos lumbreras del firmamento de la Iglesia", los llama Tomás de Celano: Domingo de Guzmán y Francisco de Asís. Las crónicas antiguas de ambas Órdenes hablan del encuentro de ambos y del conocido abrazo fraterno: "Santo Domingo encontrándose con san Francisco exclamó: Tú eres mi compañero, tú caminarás conmigo, estemos juntos y todas nuestras empresas se realizarán por la fuerza del Todopoderoso".  

Fue un hombre de intensa oración, asiduo en el estudio, incansable en la predicación, paciente en las contrariedades, valiente en la búsqueda y en la defensa de la fe. Caminaba a pie descalzo, dormía en tierra, ayunaba y se mortificaba, convencido de que sus sacrificios contribuían al bien de las almas y a la renovación de la Iglesia.

Un discípulo, después de una admirable predicación suya, le preguntó qué libros había consultado para tener tanta sabiduría. Le respondió: “Hijo mío, he estudiado el libro de la caridad de Dios y este libro enseña todo”. Llevaba continuamente consigo el Evangelio de san Mateo y las cartas de San Pablo y meditaba tan largamente estas últimas, que llegó a saberlas casi de memoria. Varias veces fue elegido obispo, pero siempre rehusó tal ministerio, queriendo vivir con sus hermanos en pobreza. Murió en Bolonia (Italia) el 6 de agosto de 1221.

¡Al Señor Jesús gloria y alabanza!