SANTA CLARA DE ASÍS: CUANDO LA LUZ ILUMINA Y LA SAL DA SABOR

Como preparación a la fiesta de santa Clara Asís, madre y maestra en los caminos del santo Evangelio, queremos proponeros las preciosas palabras que le dedicó el Papa Alejandro IV en 1255 con motivo de su canonización:

“Clara brilló cuando vivía en el mundo, resplandeció aún más en la vida religiosa, en su hogar fue un rayo de luz, en san Damián, fulgor resplandeciente. Brilló en vida, resplandece radiante tras la muerte. Fue clara en la tierra y en el cielo inmensa claridad. ¡Cuán intensa es la potencia de esta luz y qué fuerte el resplandor de esta fuente luminosa! En verdad, esta luz se mantenía encerrada en el ocultamiento del monasterio y fuera irradiaba fulgores luminosos; se recogía en un pequeño monasterio y fuera se expandía en todo el vasto mundo. Clara, en efecto, se escondía; pero su vida se revelaba a todos. Clara callaba, pero su fama gritaba. No es extraño, pues una lámpara tan luminosa, tan reluciente, no podía quedar oculta sin iluminar y dar clara luz en la casa del Señor. Ella fue la mujer nueva del valle de Espoleto, que nos ha alumbrado una nueva fuente de agua fresca, para refrigerio y beneficio de las almas. Ella fue el candelabro de santidad que alumbra con vivacidad en el templo del Señor, a cuya luz esplendorosa acudieron, y aún se apresuran a venir muchas almas, a encender sus lámparas en esa llama. Ella, ciertamente, plantó y cultivó en el campo de la fe la viña de la pobreza, donde se recogen frutos copiosos y abundantes de salvación”.

  ORACIÓN
Señor, gracias por nuestra hermana santa Clara. Su vida nos recuerda que la llama del Evangelio se nutre con la llama de la caridad: la caridad silenciosa, humilde, paciente, carente de esplendor y de éxitos externos; la caridad que no pretende actuar por sí sola, sino en la comunión y en la santa unidad; la caridad que se abre sin temor y sin reservas al abandono confiado en tus manos. Haz, Señor, que aprendamos que esta caridad es la condición para que la sal y la luz del Evangelio puedan iluminar y dar sabor al corazón de los hombres y mujeres de hoy. Te lo pedimos a ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

¡Al Señor Jesús gloria y alabanza! 

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