HACIA LA FIESTA DE SAN FRANCISCO. DÍA 5º: MISIÓN Y ANUNCIO

Según cuenta la leyenda de los Tres Compañeros (n. 58), el hermano Francisco tenía muy claro cuál debía ser el comportamiento de los hermanos menores cuando van por el mundo: “Que cualquiera que los oyera o viera, diera gloria al Padre celestial y le alabara con gran devoción”. En este sentido, solía decir a sus hermanos antes de enviarles en misión: “Que la paz que anunciáis de palabra, la tengáis, y en mayor medida, en vuestros corazones. Que ninguno se vea provocado por vosotros a ira o escándalo, sino que por vuestra mansedumbre todos sean inducidos a la paz, a la bondad y a la concordia. Pues para esto hemos sido llamados: para curar a los enfermos, para vendar a los heridos  y para corregir a los equivocados. Pues muchos que parecen ser miembros del diablo, llegarán a ser discípulos de Cristo

Para Francisco la meta de la misión es «glorificar». Los hermanos son enviados al mundo para suscitar adoradores. En un mundo con frecuencia encerrado en sí mismo, absorbido por la preocupación de la eficacia, los hermanos son testigos de la gratuidad del amor y de la acción de gracias. ¡Adorar y dar gracias son actos fundamentales, vitales para la salud psicológica y espiritual del hombre! La alabanza de los hermanos es ya predicación, de ahí que una de sus misiones esenciales consista en invitar a los hombres a la alabanza. Escribiendo a todos los hermanos de la Orden afirmará esto mismo con una fuerza que impresiona: Abrid el oído de vuestro corazón y obedeced a la voz del Hijo de Dios. Guardad en todo vuestro corazón sus mandamientos y cumplid perfectamente sus consejos. Confesadlo, porque es bueno, y ensalzadlo en vuestras obras porque por esta razón os ha enviado al mundo entero, para que de palabra y de obra deis testimonio de su voz y hagáis saber a todos que no hay omnipotente sino él.

Oración: Padre todopoderoso, haznos crecer cada día en la semejanza de tu Hijo Jesús, quien no rompió la caña cascada, ni apagó la mecha humeante y cuyo estandarte de victoria fue la cruz; siembra en nuestros corazones la paz de Cristo y envíanos a compartir su amor redentor con todos los que están cansados y agobiados, tristes y sin esperanza, para que puedan encontrar en el Corazón de tu Hijo descanso para su alma. Amén.

¡Al Señor Jesús gloria y alabanza!

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