17 de septiembre de 2013

SAN JOSÉ DE COPERTINO: ¡DIOS VE EL CORAZÓN!

El 18 de septiembre recordamos a san José de Copertino, franciscano conventual italiano. Un santo que rompió muchos moldes... Sintió muy joven, a los 17 años, la llamada a la vida religiosa y pidió ser admitido en varios conventos como lego, pero de todos ellos lo expulsaron. Los frailes dirán que es buena persona, espiritual, mortificado, piadoso y con fino amor a María; pero inútil para ser fraile por su evidente torpeza y su carente valía: no sirve ni para pelar patatas, fregar platos, barrer el convento, tocar la campana o cavar en la huerta. Le sobra piedad y mortificación, pero le falta soltura y esmero, puesto que los encargos que se le dan, o se le olvidan o los hace al revés. Pasa por ser un inútil para todo. En el colmo de sus males, cuando vuelve a casa, ha muerto su padre y los acreedores pretenden meter al hijo heredero de deudas entre rejas... ¡Con cuántas humillaciones prepara el Señor el alma de algunos de sus santos! A punto de cumplir los 22 años, no sabiendo qué hacer ni a quién acudir, pasa largas horas en el Santuario de Santa María de la Grottella de su ciudad natal, delante de la imagen de la Virgen, quejándose amargamente de su suerte: “Todos me echan. Todos me insultan. Todos se burlan de mí. ¡Mis propios familiares! Mi madre también. ¿Qué será de mí? ¿Qué hacer? ¡Señor, en tus manos entrego mi destino! ¡Virgen María, sálvame y ayúdame!”

Hace una nueva llamada a la puerta del convento de los franciscanos conventuales de Copertino, donde es admitido como mero oblato para los más ínfimos trabajos. Pero esta vez los frailes supieron descubrir el oro que cubrían las apariencias... Pasa a novicio y, tras muchas dificultades y no poca ayuda del cielo, supera los estudios y llega al sacerdocio. En el ejercicio del ministerio se desvive en el cuidado de los pobres con una caridad sin límite; es buscado como consejero y como mediador de contiendas; sus jornadas están jalonadas de mucha oración, ayuno y penitencia... milagros y éxtasis. Con todo ello, no tardan en nacer envidias, críticas y denuncias, hasta que interviene la Inquisición y hay revuelo entre las gentes, visitas de dignidades eclesiásticas y hasta el Papa Urbano VIII quiere verle personalmente. Cuentan las crónicas de la época, que en la audiencia con el Papa se elevó sobre el suelo, quedándose suspendido sin ningún soporte físico ante el asombro y el pánico de los presentes. Es el fenómeno místico llamado levitación que se repetirá con frecuencia en su vida. 

Siguen las calumnias, los enredos y las insidias. Tanto se habla de él y tantos quieren verle, que deciden ocultar al santo en el Sacro Convento de Asís para evitar tumultos, pero su celda pronto se convierte en meta de peregrinación. Con don de profecía pudo predecir su muerte para el día 18 de septiembre de 1663 y prepararse para ella. Sus últimas palabras estuvieron dirigidas a la Virgen: “Muestra que eres mi madre”.

En nuestro santo se cumple lo que un día escribió san Pablo: que Dios elige lo que es necio para confundir a los sabios y lo que es débil para confundir a los fuertes. Porque Dios no mira las apariencias, ¡sino el corazón!

¡Al Señor Jesús gloria y alabanza!