3 de octubre de 2013

DÍA 9º: TRÁNSITO DE N. P. SAN FRANCISCO AL CIELO

Asís, Basílica inferior de San Francisco
En el Espejo de perfección (122 y ss.) leemos que en los primeros días de septiembre, un médico de Arezzo llamado Juan visitó a Francisco. Éste le preguntó: «¿Qué te parece mi mal. Dime la verdad: ¿qué te parece? No te dé pena, pues, gracias a Dios, no temo la muerte. Estoy contento con morir como con vivir». Entonces le dijo abiertamente el médico: «Padre, según los conocimientos de nuestra ciencia médica, tu enfermedad no tiene cura, y creo que a fines de septiembre o principios de octubre morirás». Al oír esto el bienaventurado Francisco, que yacía en el lecho, extendió con toda devoción y reverencia sus manos al Señor y dijo con alegría: «Bienvenida sea mi hermana muerte. Pues, si es voluntad de mi Señor que muera pronto, llama a los hermanos León y Ángel para que me canten a la hermana muerte». Tan pronto como llegaron los dos hermanos, llenos de tristeza y dolor, cantaron entre lágrimas el Cántico del hermano sol y de las demás criaturas que el Santo había compuesto. Y, al llegar a la última estrofa del Cántico, añadió estos versos de la hermana muerte, cantando: «Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar. ¡Ay de aquellos que mueran en pecado mortal! Bienaventurados aquellos a quienes encontrará en tu santísima voluntad, pues la muerte segunda no les hará mal».

Luego, pidió que lo trasladaran en una camilla a Santa María de la Porciúncula. Cuando llegaron al hospital, situado a la mitad del camino entre Asís y Santa María, dijo a los que lo llevaban que le volvieran de forma que tuviera el rostro mirando hacia la ciudad de Asís. Entonces, incorporándose un poco, dio la bendición a la ciudad, diciendo: «Te ruego, Señor mío Jesucristo, que no te acuerdes de las ingratitudes de esta ciudad, sino ten presente la inagotable clemencia que has manifestado en ella, para que sea siempre lugar y morada de los que de veras te conozcan y glorifiquen tu nombre, bendito y gloriosísimo, por los siglos de los siglos. Amén». Dichas estas palabras, lo llevaron a Santa María donde entregó la vida al Creador. 

Era la tarde-noche del sábado 3 de octubre del año del Señor de 1226. Francisco, pobre y humilde en la tierra, entraba rico en el cielo y era aclamado por el coro de los ángeles.

Oración: Dios todopoderoso, que otorgaste a nuestro padre san Francisco la gracia de asemejarse a Cristo por la humildad y la pobreza; concédenos caminar tras sus huellas, para que podamos seguir a tu Hijo y entregarnos a ti con amor jubiloso. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Y MAÑANA, ¡VISITA PASTORAL DEL SANTO PADRE FRANCISCO A ASÍS!
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