CONTIGO, MADRE, TODO ES MÁS SENCILLO


María, la Madre del Señor, la llena de Gracia, es modelo y guía para todo aquel que escucha, en lo más hondo de su corazón, la llamada del Señor y quiere darle una respuesta. La respuesta de María, llena de confianza, es el “Amén” generoso y total pronunciado con humilde y decidida adhesión a Dios, a su voluntad, a su llamada, a su proyecto de amor y salvación. Su “sí” inmediato le permitió convertirse en la Madre de Dios, la Madre de nuestro Salvador. María se mantuvo fiel a aquel primer “fiat” hasta el momento culminante de la crucifixión de su Hijo, cuando “estaba junto a la cruz”, sosteniendo, acompañando y participando del sacrificio redentor de Cristo. Y precisamente desde la cruz, Jesucristo nos la dio como Madre y a Ella fuimos confiados como hijos, ¡Madre especialmente de los sacerdotes y de las personas consagradas! 

Es por ello que podemos ponernos en sus manos si estamos descubriendo en nuestra vida la llamada de Dios que nos invita a encaminarnos por la senda del sacerdocio ministerial o de la vida consagrada. A Ella, Virgen valiente y fiel, podemos pedirle que custodie hasta el más pequeño germen de vocación en nuestro corazón. Y que arranque de él el miedo a pronunciar con alegría nuestro “sí”, nuestro “aquí estoy” humilde y decidido al Señor.

¡Al Señor Jesús gloria y alabanza!

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