16 de diciembre de 2013

TU VOLUNTAD, SEÑOR: ¡NUESTRO BIEN MÁS GRANDE!

¡Qué bien entendió san Francisco que nuestro bien más grande está en hacer la voluntad de Dios! Por eso, concibió la vida del hermano menor bajo la soberanía del Espíritu, buscando en todo y por todo la voluntad de Dios. “Toda la voluntad, en cuanto es posible con la ayuda de la gracia, se dirija a Dios, deseando agradar al solo sumo Señor” (Carta a la Orden 15). “Ninguna otra cosa hemos de hacer sino seguir la voluntad del Señor y agradarle en todo” (Regla no bulada 22, 9). Francisco busca la voluntad de Dios a través de:
  • la oración, y la consiguiente percepción interior del Espíritu;
  • la escucha de las palabras del santo Evangelio (así dice el Señor...); 
  • la voz de la Iglesia; 
  • las resonancias interiores; 
  • el consejo de los hermanos y de la hermana Clara; y de otras personas que le merecen toda confianza.
Desde el momento de su conversión, cuando se dirige a Dios pidiéndole: “Señor, ¿qué quieres que haga?”, hasta los últimos instantes de su vida, en los que se exhorta a sí mismo e invita a sus hermano a nuevos comienzos (“comencemos, hermanos, a servir al Señor”), toda la existencia de san Francisco estuvo orientada a una búsqueda ininterrumpida del querer de Dios.

San Buenaventura dejó constancia de esta búsqueda infatigable: “Con frecuencia y singular celo buscaba el camino y el modo de servir lo más perfectamente a Dios conforme a su beneplácito”.

Descubrir lo que Dios quiere de nosotros no es fácil, pero tampoco es algo imposible. Si con sinceridad y humildad nos ponemos a buscar la voluntad de Dios, es posible encontrarla. ¡Es Él el más interesado en que descubramos y realicemos nuestra vocación!

¡Ven, Señor Jesús!