5 de enero de 2015

LOS MAGOS DE ORIENTE Y EL CAMINO DE LA VOCACIÓN



La historia de los Magos de Oriente que, guiados por una estrella, llegaron a Belén, se parece mucho a lo que ocurre en el camino de la vocación: al principio es como una luz humilde que nos invita a ponernos en camino, a buscar algo más, a salir de nuestras seguridades. Muy a menudo genera en nosotros dudas e incertidumbres; es negada y desmentida, a veces corre el riesgo de ser sofocada por otras luces más potentes; hasta incluso se la mira con recelo y desconfianza. ¡Se necesita la valentía de los Magos!, una valentía anclada en una firme esperanza que asume el riesgo de confiar en los signos, en las luces que Dios va dejando en nuestro camino y que conducen siempre a una meta, a un destino mayor y mejor de lo que hubiéramos imaginado ¡Hay tantos signos para el que busca, para el que se fía, para el que arriesga... y tan pocos para el que va distraído en la vida, para el que solo vive en la superficie!

Los Magos nos enseñan que el camino de la vocación exige una existencia expuesta, no protegida ni volcada o encerrada en sí misma… ¡Atrévete ahora mismo a asumir este riesgo! ¡No esperes más! Mientras tengas miedo a equivocarte, mientras sigas dándole vueltas a los «pros» y «contras» de emprender el camino, no avanzarás y te quedará siempre la duda de lo que pudo ser pero nunca fue... Los Magos decidieron ponerse en camino y su búsqueda se vio recompensada: ¡Pudieron contemplar con sus propios ojos al gran Rey que nació pobre en Belén! Imagina lo que pudo suponer para ellos descubrir que lo más verdadero, lo mejor, lo que salva… no estaba a mano, que necesitaba de un costoso viaje. El Rey esperado se hacía cercano, pero era necesario hacer un largo viaje para encontrarse con él. Esto es también lo que nos pueden enseñar estos personajes, que antes que reyes eran sabios.

Si confías, aun en la noche y en la fragilidad que pueden envolver tu decisión, tendrás siempre una luz que te guiará para que no te pierdas. ¡Y tu búsqueda se verá recompensada! ¡Y te alegrarás inmensamente! Como les ocurrió a los Magos cuando llegaron a Belén... Y quizás, también tú, te conviertas en una «estrella» para muchos otros, una estrella humilde que lleve a otros hasta Cristo, verdadera luz que ilumina y orienta en la vida.

¡Al Señor Jesús, Salvador y Rey de todos los pueblos, gloria y alabanza!