25 de febrero de 2014

NADA SE LE PUEDE COMPARAR


Deslumbrado, sorprendido, sin palabras... Así se ha quedado el joven de la imagen ante lo que acaba de encontrar. “El reino de Dios puede compararse a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra, lo primero que hace es esconderlo de nuevo; luego, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra aquel campo”.

Amigo, si Dios te está revelando la existencia de un tesoro precioso... ¡Fíate de Él! La valía del tesoro es extraordinaria. Nada se le puede comparar«No hay mayor amor que su amor, ni mayor alegría que su alegría», solía decir Madre Teresa de Calcuta.  

Deja de hacer cálculos: ¿Qué estás dispuesto a vender para conseguir ese tesoro? ¿Vale la pena quedarte con algo que te impida conseguirlo? ¿Te ha costado venderlo o lo has vendido corriendo de alegría? ¿Te estás desprendiendo de verdad o estás siempre con indecisiones? ¿Estás siempre pendiente de lo que has vendido o has empezado a dar gracias por lo que has encontrado? No olvides que quien elige, renuncia. Elige lo mejor y renuncia a todo aquello que es incompatible con lo que has elegido. ¿Sabes apreciar el don de Dios que has recibido? Sí, la vocación es un regalo de Dios. Este regalo es incompatible con otras cosas. Si lo aceptas has de renunciar a ellas. Por eso hay que arriesgarse a vender, si te decides a aceptar el regalo.

Ahora bien, no olvides que su llamada es ante todo un encuentro que nos abre a “algo nuevo”, mucho más grande y bello de lo que hubiéramos podido imaginar: ¡Él jamás defrauda con su propuesta! Sí, su llamada despertará en ti energías insospechadas y una alegría hasta entonces desconocida que llenará tu corazón plenamente…

ORACIÓN
Señor, tu Iglesia y el mundo tienen hoy una particular necesidad de sacerdotes, testigos fieles de tu evangelio y de tu ternura; tienen necesidad de consagrados y consagradas que manifiesten la profunda alegría de quien vive sólo para Ti, de quien hace propia la misión y el ofrecimiento de Cristo, de quien construye con el amor y la esperanza un mundo nuevo. ¡Bendícenos con nuevas vocaciones consagradas! 
¡Al Señor Jesús gloria y alabanza!