CONVIÉRTETE Y CREE EN EL EVANGELIO


Quizás cuando uno es niño le parece gracioso y hasta algo curioso eso de que le pongan ceniza en la cabeza... Pero ya no somos niños y es necesario encontrarle un sentido más profundo a este gesto con el que inicia la Cuaresma. En primer lugar, con este gesto la Iglesia quiere invitarnos a reconocer, aunque cueste, que somos limitados, que nos equivocamos, que no sabemos amar de verdad, ni a Dios ni a los otros. Es decir: que somos pecadores y necesitamos convertirnos. Pero, ¿de qué? 

Pues, por ejemplo, de las comeduras de cabeza que nos encierran en nosotros mismos; de los enfados y rencores duraderos, de la envidia y del afán de protagonismo; de los juicios y de las críticas o de la pretensión de creerse perfecto; del orgullo y de la murmuración que sólo hacen daño. ¿Y qué decir del egoísmo que nos hace sentirnos el centro del mundo? También de aquellas cosas (pensamientos, palabras, imágenes…) que nos llevan a hacer un mal uso de la sexualidad y del cuerpo: ¡regalos preciosos de Dios! En definitiva, de todo aquello que me aleja de Dios y de mis hermanos. Y todo para creer en el Evangelio, que significa creer que Jesucristo se ha entregado a sí mismo por mí, muriendo en la cruz y resucitando, vive conmigo y en mí, y me enseña a vivir de verdad. 

Creer en el Evangelio es dejarse agarrar de su mano para salir de las arenas movedizas del orgullo y del pecado, de la mentira, de la tristeza y del egoísmo, para conocer y vivir la riqueza de su amor. ¡Feliz camino cuaresmal!

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